Dilema de una buena madre (1)
Pero mi mano fue directa al clítoris hinchado, mojado, ardiente como fuego. No es por él, negué furiosa, es solo la tensión acumulada. Me masturbé con furia silenciosa, frotando mi coño empapado, imaginando la polla gorda de mi hijo abriéndose paso en mí, el semen caliente inundándome el útero, su voz diciendo "mami, te voy a fo...