Chantaje (VII): Un paso a lo prohibido
En una tarde de octubre a salir de la uni me encontré con un joven que repartía volantes, me ofreció uno, haciéndome platica y enalteciendo mi belleza, solo sonreía, pues en realidad poseedora de tan encantador cuerpo siempre estuve acechada por todo tipo de hombre, tome aquel volante y seguí mi c...