Una fuente incomparable de fruición
Ernesto era un hombre de piel blanca amarillenta, cabello rubio y lacio que le llegaba hasta los hombros, cejas peludas, ojos celestes, pestañas invisibles, patillas salientes, mejillas rojizas, tabique hundido, nariz grande con aletas amplias, labios bien rosados, mentón normal, cuello forrado con manchitas blancas, hombros...