El convento de la Purificación Eterna
Dentro había un espejo antiguo, de mano, con marco de plata. Lo posicionó entre las piernas de Isabella para que pudiera verse: el cristal saliendo y entrando en su culo, el vibrador en su vagina, la tanga dorada empapada y desplazada, su propio rostro contorsionado por el éxtasis de placer. —Eres hermosa pecando —dijo Beatriz—. ...