Y en eso entró Marga
... y en eso entró Marga
Ahí estaba yo, tumbado en la cama, con los cojines en la espalda, desnudo de cintura para abajo, con el cipote tieso, enorme, el capullo violáceo de tensión, con el puño de la mano apretando el ardiente mástil de mi tranca, las venas gruesas y los huevos tersos, llenos ...