La esposa del pastor (Parte 2)
Desde aquel encuentro no he podido dormir. No puedo olvidar las caderas de Esther y sus piernas suaves. Aún conservo sus bragas bañadas de semen y jugos que todas las noches me he tocado con ellas.
La próxima vez que nos vimos fue en otro día igual al que había pasado nuestra aventura, horas antes que...