La barca de las fantasías
La presión se acumuló de nuevo, enrollándose con fuerza, y cuando su pulgar encontró mi clítoris, frotando en círculos apretados e implacables, me rompí. Mi espalda se arqueó, mi coño se cerró a su alrededor cuando llegué, mi grito crudo y sin filtrar. Alan lo siguió con un gemido gutural, su polla pulsando dentro de mí mient...