Mi principessa italiana
Eché más gel en mi mano y masajeé con fuerza, me perdí en su suave y lisa piel, después seguí con su pie; con los pulgares amasé su planta, acaricié sus dedos y el dorso de su pie. Volteé a verla, me miraba fijamente con una sonrisa muy coqueta. Tomé su otra pierna para hacer lo mismo pero me tomó...