Entre libros
De vez en cuando echaba un poco de saliva en su mano y me untaba mi agujero, que no tardó mucho en dilatarse, aunque no demasiado. Fue relativamente fácil entonces que pudiera empujar suavemente su polla hacia mi interior (en ese momento no vi si se había puesto condón pero luego descubrí que lo había hecho; desde luego, no esperaba...