Balseros (VII): El Mustang amarillo o un balsero con suerte
Era sábado nuevamente y la desagradable resaca de otra de mis juergas con mi compañero de "lucha", parecía pasar del todo. Yovany, que yacía en mi cama, no daba señales de volver en sí, y yo, más que tener sueño, aunque eran las 12 del día, más bien tenia dese...