Adiós a mi inocencia (Tercera parte)
Desperté asustado, cinco minutos antes, que el despertador lanzara su bramido a las 8 de la tarde. La tranquilidad volvió a mí.
La noche de esa tarde de sábado, comenzó a descender lentamente, pero segura. Se iba apoderando de las migajas de luz, para extender su dominio inevitable. Extend&iacut...