Sesión fotográfica (3)
Nacho agarró firmemente mis caderas, sus dedos se hundieron y con ese agarre, él dictaba el ritmo, un compás implacable y primitivo que no admitía tregua: un impacto profundo, un segundo de fricción violenta, un retroceso seco y otra embestida fulminante. José en el sillón estaba a punto de estallar, en la oscuridad de su ceguera, ...