Algunas veces para mí otras para él
Con la experiencia de conocernos muy bien, ralentizamos nuestros movimientos, nuestras caricias, nuestros besos. Comenzamos a coger en cámara lenta, a recorrer nuestros cuerpos con mucha lengua, en repetidos viajes de ida y vuelta. Apenas nos movíamos, éramos como un velero en medio del océano en días de calma. Abrazados, con el suav...