En el último tren de la noche
Sus bragas cayeron al suelo, mientras ella se arrodillaba frente a mí y sus manos, tan nerviosas como antes las mías, desabrochaban mi gabardina, aflojaban mi cinturón y abrieron mis pantalones. Mi sexo salió triunfante, duro, con esa humedad previa. Su cabeza se agachó hasta que sus labios abrazaron mi sexo, lo humedecieron, su boca...