El consentidor (II)
Habían pasado unas 14 horas desde que Ariel se metió en la cama cuando se despertó. Ojerosa y agotada, solo pudo comer algo y volver a la cama. Roberto, no se podía creer que tuviese que seguir esperando a saber que había pasado ese fin de semana entre su mujer, Ariel, y el puto desconocido que lo hab&ia...