La dependienta de la tienda de lencería
Mi polla pugnaba por salirse. Apareció Marisa con esa prenda, que era como no llevar nada. ¡Guau! Me fijé en su coño, peludo pero cuidado, muy apetecible. Sus pechos me dejaron loco: aunque su tamaño era normal, se movían bajo la tela y se notaban firmes. ¡Y qué pezones más increíbles! Eran tan grandes como sus pechos. Ella no d...