Mi esposa Erika subiendo temperaturas en su trabajo
–¿De un señor de 65 te preocupas? –dije riendo. –¡Bah! ¡Pero manos sigue teniendo y pensamientos igual! –dijo ella. –Ya, ya, tienes razón, pero si quieres tratar puedes hacerlo ya sabes que por mí no hay problema –dije ya empujándola al cometido. –Está bien iré una vez más a la habitación –dijo con algo de miedo...