¡Qué vacaciones! (3 - final)
Aguanté el equilibrio y me fui al banco con Lucía insertada en mi nabo, me senté y ella empezó a cabalgar como una loca, desde donde estaba ya casi no podía ver, con tanto movimiento se había creado una densa nube que no permitía distinguir, sólo se oían algunos gemidos aislados, y mucho movimiento, después de un rato penetrando...