Pensé que era frígida
Su lengua enorme le paseaba en círculos, jugando con los labios menores y haciéndole el alfabeto, cosa que jamás le habían hecho. Alexa comenzó a mojarse a tal grado que sentía dilatarse de todas sus cavidades. Los labios gruesos de Astrid eran mágicos. Y se estaba impacientando por sentir sus dedos largos y gruesos –Mete tus ded...