Mis sesiones de sauna
De modo que hubo una primera vez que me acarició un brazo y no la rechacé, un día puso la mano sobre una de mis piernas y yo tampoco reaccioné. Aun así nuestra amistad crecía, hasta que un día me propuso entrar a la sauna sin cubrirnos con la toalla. Lo hicimos, lo acepté por no parecer una mujer remilgada...