En la oficina, sin manos
Era quizá el día más ardiente de mi vida. Mi novio me había dejado realmente excitada al despedirnos con un apasionado beso, caricias y toqueteos incluidos. Aquellas húmedas caricias con nuestros labios en la nuca y el cuello me pusieron al mil. Sentir sus manos agasajando mi cuerpo, estimulando mis nalg...