Con la comida no se juega
Fui fijándome en cómo los pliegues de mi vulva se abrían cuando sacaba el pepino y se hundían cuando me lo metía, en como sonaba mi vagina por la miel y en cómo había dejado el suelo mojado por mis chorros. Aumenté el ritmo intensamente, mi cara se puso roja y mis expresiones faciales eran un poema, pero muy sensuales...