Venganza diabólica
El olor a azufre era inconfundible. Ambos malditos colgaban de sus manos y casi de punta en pie se afirmaban. El terror se había apoderado de ellos. Sabían que iban a morir. Yo no quiero, no fui, ahora no, por favor piedad, nunca más lo hago, porque seguí a este loco, nunca pensamos matarla, mi mamá...