La macizorra tetona de la construcción (2)
Cuando estaba besando candentemente al ingeniero, llegó desafortunadamente uno de los contadores ya mayores a la oficina.
Nos vio un poco nerviosos o agitados, pero no fue algo que no se pudiera manejar.
Nos despedimos aparentemente tranquilos y me dijo:
–Más tarde te traigo la taza.
–¡Claro! No...