El aprendiz de doña Lulú
Yo no paré. Al contrario. Aumenté el ritmo una vez más. Hasta que lo sentí. Un gemido largo. Profundo. Ronco. Sus ojos se pusieron totalmente en blanco. Su cuerpo se arqueó. Se retorció de tanto placer. Sudando. Temblando. Y una explosión caliente dentro de mí. Me llenó entera. Pulsación tras pulsación. Hasta que quedó exhaust...