Una beata madura me dejó una huella marcada
Ese día doña Ana no había parado de mandarme órdenes, que si arriba, que si abajo. Todos los pormenores de la procesión que tenía lugar esa noche eran comprobados por la señora, ya bien enviándome a ver el estado de las flores o bien la mantilla y el vestido negro. Añado, para...