La prima de mi padre, virgen y cuarentona
El sol daba fuerte. Los escarabajos y sus larvas habían acabado con las hojas de las patatas. El azadón entraba en la tierra levantando un polvo que secaba la garganta. Mucha, con una pañoleta en la cabeza, y sudada, levantó los brazos de su vestido de asas para echar un trago de vino tinto de la bota. Vi el ne...