El viejito en la residencia
Frente al espejo estaba don Javier con su mejor traje, ultimando los retoques para estar impoluto. A sus setenta y tres años se conservaba delgado y, aunque su metro ochenta ya empujaba a encorvarse, se resistía a caminar como un viejo, pese a no separarse nunca de su elegante bastón de ébano con empuñad...