Tuve que decir adiós, con la braga todavía empapada por ti
Un sueño, una realidad, un amor imposible.
La lluvia caía con fuerza esa tarde, acurrucada en el sillón del salón con mis piernas ocultando mis pechos y una taza té caliente entre mis manos, la mirada perdida, viendo como las palmeras del jardín eran azotadas por el viento y en una parte ...