Adiós a mi secreto
Me penetró fuerte, de un tirón y hasta adentro. Mi recto y mi ano, apenas lubricados y humedecidos con mi deseo de olvidar su inútil virginidad, sintieron el dolor desgarrante, potente y casi insoportable de ser abiertos súbitamente, sin piedad y sin misericordia, por un miembro tan hermoso, grande, grueso y ca...