Sintiendo a Mireya
Ahí estaba yo, desnudo, nervioso como si volviera a ser un adolescente, observando atentamente cómo Mireya se iba desprendiendo una por una de sus prendas. Su cuerpo delgado me desveló primero sus pequeños pechos, que altivos y firmes parecían pedir que compartiese con ellos el calor de mis labios. Luego...