El deseo lujurioso de una chica
Me dejé caer en la cama junto a ella y mientras seguía jugando con mi polla en su boca yo le acariciaba y le pellizcaba los pechos. Eran dos pechos tersos y duritos, no muy grandes, pero sí bien puestos. Dani yacía a nuestro lado, pero menos resentido una vez pudo descargar su leche en el interior de Silvia. Pronto...