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Polvazos incestuosos

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  • Heidi, dándole la espalda a Alejandro, ocupó el lugar de Amaia. Se metió la polla en el coño. Alejandro le magreó las tetas y le besó el cuello. Heidi lo folló un rato, pero estaba tan caliente, que acabó sacando la polla del coño, con ella salió cantidad de jugo, poniéndola en la entrada del ojete

    Amaia, podía pasar por Amaia Salamanca, con unas tetas más pequeñas, pero si me apuran diría que aún era más sexy. Era heterosexual. Heidi podría pasar por Heidi Blair Montang y era lesbiana. Sus distintas condiciones sexuales no impedían que las dos primas fuesen amigas íntimas.

    Estaban en pijama boca abajo sobre la cama de Amaia con una mano en el mentón mirando Abierto Hasta el Amanecer en la tele de plasma que había en la pared. Los padres de Amaia se fueran a Venecia a pasar el fin de semana. Su hermana Alba y su hermano Alejandro, un mariconcito, se fueran juntos de marcha y no volverían hasta el amanecer. Las muchachas tenían libertad para hacer lo que les viniese en gana. Amaia le dijo a Heidi:

    -Con ese tatuaje George Clooney estaba para comerlo.

    -Quien estaba para comerla era Juliette Lewis.

    -Si tú lo dices...

    -Sí, lo digo. Metería todo su chochito en mi boca y se lo comería hasta que me emborrachase con el jugo de su corrida.

    -Eres una enferma.

    Salió Salma Hayek con una pitón al cuello, y le dijo Heidi a Amaia:

    -¡Qué buena está la cabrona!

    -Te van todas.

    Heidi, mirándole para las tetas, le dijo:

    -Si están buenas, sí. ¿Queres saber cómo haría para que se corriese esa jamona?

    -¡No! Y no me mires para las tetas.

    -O.K. Miraré para las tetas de Salma.

    Salió a relucir la vena cotilla de Amaia.

    -Dicen que Salma Hayek y Penélope Cruz se liaron durante el rodaje de Bandidas. ¿Será verdad?

    -Probablemente lo hicieran. Las actrices prueban de todo, no como alguna que yo me sé.

    -No empieces.

    -Es que eres la cosita más rica que han visto mis ojos.

    -Ya empezaste.

    -A ver, Amaia. ¿Si a ti te gustase un chico no intentarías ligar con él?

    -Es diferente. Además, estamos solas en casa y me violentas.

    -Tranquila, sé que ni jugarías al juego de las zonas y los puntos erógenos.

    La curiosidad...

    -¿Qué juego es ese? Nunca oí hablar de él.

    -Es un juego que inventé yo. Se da la primera letra y la última de un punto erógeno o de una zona erógena del cuerpo de la mujer, si se acierta se da un punto. La primera que llegue a cinco puntos gana y la que pierde le tiene que hacer a la otra las tareas durante una semana. Si no se acierta, la que falló tiene que besar a la otra en ese punto, en esa zona o en la boca, con o sin lengua, si no lo hace, o pide papas, recibe tres zapatillazos en cada nalga a braga quitada.

    -Es un juego de lesbianas.

    -Es un juego erótico, pero hay que ser muy inteligente para ganar.

    Hubo un apagón y se encendió el generador del pazo. La televisión no funcionaba. La habitación estaba a media luz.

    -¿Me estás llamando tonta?

    -Mujer, tonta no eres, pero en este terreno no sabes tanto como yo. Creó que eres de las que el perineo les suena a algo de los montes Pirineos.

    -El perineo está entre el chochito y el culo, y es un lugar erógeno. Otras zonas erógenas son...

    -¿Si tanto crees saber por qué no juegas, cobarde?

    Si había una cosa que cabrease a Amaia era que le llamaran cobarde.

    -¡¿Cobarde yo?! Juguemos.

    -Una vez se empieza ya no se puede volver atrás.

    -No voy a parar hasta que te gane. Pregunta.

    Heidi se sentó en la cama con las piernas cruzadas.

    -Zona erógena del cuerpo. Comienza con "C" y termina en "O"

    -Cuello.

    -No, culo. ¿Beso con lengua, sin lengua, en la boca, en el culo o zapatillazos en las nalgas?

    Amaia no se lo pensó dos veces.

    -Zapatilla.

    Heidi, cogió debajo de la cama una zapatilla peluche de elefante, con el piso de goma azul, le bajó el pantalón del pijama hasta las rodillas. (No llevaban bragas ninguna de las dos) Tenía un culito redondito y respingón. Le acarició las nalgas con el peluche. Amaia, le preguntó:

    -¿Qué haces, guarra?

    Heidi le largó tres veces en cada nalga con la zapatilla.

    -¡Plas, plas, plas!

    Amaia, exclamó:

    -¡¡Aaaay!

    Se subió el pantalón del pijama.

    -Haber escogido el beso.

    -Sí, en el culo, no te jode.

    -Y con lengua. ¿Te vuelves atrás?

    -¡Antes muerta que gallina! Pregunta.

    -Lugar erótico. Comienza por "C" y termina en "S"

    -Costillas.

    -No, clítoris. Beso con...

    -Zapatilla.

    Heidi, le volvió a bajar el pantalón y le volvió a acariciar las nalgas con el pelo del elefante y después le dio:

    -¡¡Plas, plas, plas!!

    Esta vez no le dio el gusto de oírla chillar ni de ver como subía el pantalón del pijama.

    -Me has dado más fuerte que antes, cabrona.

    -Y cada vez te daré con más fuerza. Acabarás comiendo de mi mano.

    -Sueña, asquerosa, pero antes, pregunta.

    -Comienza con "P" y acaba en "S"

    -Piernas.

    -No, pezones.

    -¡Este juego tiene trampa!

    -Beso en mis pezones...

    -Zapatilla.

    Heidi se quitó la parte de arriba del pijama. Sus pequeñas tetas eran preciosas, parecían dos manzanas con sus pequeños rabitos.

    -¿No prefieres darme un par de besitos en los pezones? Mira que tetitas más ricas tengo.

    Amaia le miró para las tetas, después bajó la cabeza, y le respondió:

    -No, zapatilla.

    Le volvió a pasar el peluche por las nalgas. Amaia abrió un poquito las piernas, le hizo cosquillas en el ojete con la trompa del elefante. Amaia cerró los ojos y esperó los zapatillazos. Le iban a caer con más fuerza.

    -¡¡¡Plas, plas, plas!!!

    -¡Zorra, me vas a poner el culo en carne viva!!

    -No haber despreciado mis tetas.

    Le pasó un dedo por la raja del chochito. Amaia, levantó la cabeza y le dijo:

    -¡¿Qué haces, cochina?!

    Heidi sacó el dedo mojado. Lo metió en la boca, lo chupó, cerró los ojos, y dijo:

    -Ummm. Pura ambrosía.

    A Amaia se le estremeció el cuerpo, al ver a su prima saborear su jugo, pero le dijo:

    -Guarra, te aprovechas del juego.

    -Sí. Vale, como el juego lo inventé yo, te rindes, haces mis tareas y Santas Pascuas.

    -¡Y una mierda! Pregunta.

    -¿Eres masoca?

    -¡Que preguntes, coño!

    -El coño te lo comía yo, y con mucho gusto.

    -¿Juegas o me haces tú las tareas a mí, golfa?

    -Juego. Comienza con "B" y acaba en "A"

    -Barriga.

    -No, boca. ¿Zapatilla?

    Amaia, se incorporó y le metió un morreo a Heidi que le dejó el coñito abriéndose y cerrándose.

    -Pregunta.

    -Comienza por "L" y termina en "A".

    -Loba.

    -¿Loba? Fallas a propósito. La respuesta es lengua.

    Amaia se volvió a incorporar y le comió la lengua con otro morreo. El coñito de Heidi empezó a bailar sevillanas.

    -Comienza con "Cho" y termina en Chito".

    Heidi esperaba que fallase.

    -Pido papas. Zapatilla.

    Heidi se quitó la parte de abajo del pijama.

    -Hace mucho calor aquí.

    Amaia miró para el chochito peludo de Heidi.

    -Hace. ¿No sabes depilarte, cerda?

    -A mis novias le gusta así.

    -Tú no tienes novias.

    -¿Y mis dedos que crees que son?

    -Onanista.

    Heidi, con sorna, le preguntó:

    -¿Por dónde íbamos, sor Amaia?

    -Zapatilla.

    Le dio otros seis zapatillazos, esta vez con poca fuerza.

    -Plas, plas, plas.

    Amaia cerró los ojos y le dijo:

    -Pregunta.

    -Comienza por "T" y termina es "S".

    Amaia quería mamar.

    -Testículos.

    -Las mujeres no tenemos testículos. La respuesta era tetas.

    Amaia, se volvió a incorporar y le dio dos besos con lengua, uno en cada teta y sobre los pezones. El coñito de Heidi ya era una laguna.

    -Pregunta.

    Heidi ya se tiró de cabeza.

    -¿Echamos un polvo?

    Amaia cogió la zapatilla que Heidi había dejado sobre la cama, se la puso en la mano y se volvió a echar boca abajo. Heidi, le quitó la parte de abajo del pijama, y le dijo:

    -Eres, eres masoca. ¿Te doy fuerte?

    -Sorpréndeme.

    Heidi, le dio suave, fuerte y suave.

    -Pregunta.

    -¿Follamos?

    Amaia no le contestó. Heidi abrió las cachas de Amaia con las dos manos y le pasó la lengua por el periné y el ojete. Amaia abriendo más las piernas, y levantando el culo, le dijo:

    -Marrana.

    -¿Quieres que deje de comerte el culo?

    -No, sigue. Es asquerosamente delicioso.

    Amaia se quitó la parte de arriba del pijama.

    Heidi le comió el culo bien comido, después, se echó encima de Amaia, acarició su espalda con los pezones, y a continuación se la masajeó con las tetas. La besó en el cuello... bajó besando y lamiendo la columna vertebral hasta llegar al coxis, de él bajó al ojete y se lo folló con la punta de la lengua, al principio, ya que al ratito era Amaia la que le follaba la lengua con su ojete echando el culo hacia arriba. En los muslos de Amaia brillaba el jugo que salía de su coño. Heidi, le dijo:

    -Date la vuelta, cariño.

    Amaia se dio la vuelta. Sus tetas eran grandes con areolas rosadas y pezones como guisantes. Su coñito lo tenía totalmente rasurado. Se besaron largamente, después, Heidi, le pasó la lengua por los pezones y las areolas, mientras le magreaba las tetas, chupó y mamó pezones y areolas, bajó besando y lamiendo hasta llegar al chochito. Lo halló abierto como una flor, chorreando, con sus labios hinchados. Los lamió, lamió el clítoris y le folló el coño con la lengua. Lo metió todo en la boca... Amaia se iba a correr, sus gemidos así se lo decían a Heidi. No podía dejar que se corriese, si lo hacía, lo más probable era que no quisiese seguir y quedaría ella sin correrse. Paró de trabajarle el chochito. Subió encima de Amaia y le puso el ojete en la boca. Su prima le comió el culo y después el chocho. Seis veces le tuvo que quitar la mano a Amaia del coño pues si la deja se toca y se corre.

    Al estar las dos a punto de correrse hicieron un 69 en posición paralela. Enterraron sus bocas una en el coño de la otra y se los comieron con lujuria.

    Amaia, retorciéndose con el placer que sentía, fue la primera en correrse. Soltó un chorro de flujo en la boca de Heidi, Heidi, temblando, le respondió con otro chorro al empezar a correrse ella.

    No dijeron ni "esta boca es mía". La tenían muy ocupada gimiendo, lamiendo y tragando jugo sin parar.

    Acabaron rendidas, pero no hartas de beber, ya que lo primero que hicieron, al ponerse boca arriba, una al lado de la otra, fue besarse con lengua para saborear el flujo de sus propias corridas.

    Al rato, Heidi, tocándose el coño, le dijo a Amaia:

    -Yo con un orgasmo no tengo suficiente.

    -¿Cuánto tardas en correrte al hacer un dedo?

    -Depende, pero hoy menos que tú?

    -¿Qué te apuestas a que me corro yo primero?

    -Un beso con lengua en todo el coño.

    Alba, la hermana de Amaia, que bien podía pasar por Jessica Alba, de jovencita, y su hermano Alejandro, que era moreno, alto, delgado y muy guapo, habían discutido con una amiga por un chico y volvieran a casa. Oyeran lo de la apuesta y en bajito, le dijo Alejandro a Alba.

    -¿Quién crees que ganará?

    -Y lo dices como si nada. Amaia se está dando gusto con la prima.

    -¿Y qué? Que experimente. Yo me voy para mi habitación, y tú deberías ir para la tuya.

    Alejandro se fue para su habitación. Alba tenía otros planes. Arrimó la espalda a la pared del pasillo que estaba al lado de la habitación de su hermana y se puso a escuchar.

    En la habitación, Amaia y Heidi cerraron los ojos y empezaron a masturbarse.

    -¿En quién vas a pensar, Amaia?

    -En George Clooney. ¿Y tú?

    -En Juliette Lewis de jovencita. ¿Te quieres correr otra vez en mi boca?

    -Sí. Cuando me vaya a correr te aviso.

    Alba, metió la mano dentro de las bragas, cerró los ojos y se comenzó a dedear pensando en Heidi... Al rato se la estaba comiendo a su hermana… poco después se la comían a ella las dos, y acto seguido se masturbó mirando para ellas desde la puerta de la habitación para que la vieran. Como estaban con los ojos cerrados no la veían. Tuvo que decirles:

    -¿Puedo masturbarme con vosotras?

    Amaia y Heidi se llevaron un susto de muerte. Se sentaron sobre la cama con las piernas cruzadas. Tapando las tetas con las manos. Amaia, le preguntó:

    -¡¿Qué haces en casa?!

    -Venía a dormir, pero acabé con un dedo dentro de mi chochito escuchando vuestros gemidos. ¿Nos corremos las tres juntas?

    -¡Cómo me voy a correr con mi hermana pequeña! ¿Y Alejandro?

    -En su habitación.

    Amaia estaba realmente preocupada.

    -¡¿No nos oiría?!

    Alejandro, apareció en la puerta de la habitación, y le respondió a la pregunta.

    -Oí. ¿Puedo mirar como lo hacéis?

    -¡¡ No vamos a hacer nada!!

    Amaia estaba desbordada por la situación. Alba se metió en cama, y le dijo a su hermana:

    -No te está pidiendo que le dejes comer tu chochito, sólo quiere mirar.

    -¡No va a haber nada que mirar!

    -Yo creo que sí, de lo contrario papá se va a enterar de que eres lesbiana.

    -¡No soy lesbiana! Fue un calentón.

    Alba tenía mordida a la presa y no la iba a soltar.

    -¿A quién creerá?

    -¡Serás, cabrona!

    Alba, que era la caprichosa de la casa, se echó boca arriba en la cama, y les dijo:

    -Desnudarme.

    Heidi, le dijo a Amaia:

    -Habrá que darle lo que se merece. ¿No crees?

    Amaia estaba muy mosqueada.

    -¡No!

    Heidi le dijo algo al oído a Amaia que le debió gustar, ya que sonriendo, le dijo a su hermana:

    -Así que quieres cobrar un precio por no delatarme.

    -Quiero. Desnudarme y hacerme cositas.

    Amaia, quitando los brazos y las manos de las tetas y volviendo a estirar las piernas, le dijo a Alejandro:

    -Siéntate y disfruta de la vista hermanito. No pueden quedar cabos sueltos.

    Alejandro, con una sonrisa de oreja a oreja, se sentó en un taburete.

    Mientras Amaia desnudaba a su hermana, Heidi le comió la boca. Al tenerla desnuda, la echaron hacia atrás. Amaia le comió las tetitas, que eran como las de Heidi... y Heidi le comió el pequeño coño rasurado metiéndolo todo en la boca. Alba iba a durar muy poco, al ratito, exclamó:

    -¡Ay que me corro!

    Pararon de jugar con ella. Le dijo Heidi:

    -Échate boca abajo en el regazo de tu hermana.

    -¿Me vas a comer el chochito por detrás?

    -Mejor, te voy a trabajar el culo.

    -¡Que morbo!

    Alba se echó en el regazo de su hermana. Heidi le pasó la lengua por el culo. Alba echaba el culo hacia arriba para ver si le penetraba el ojete con ella.

    -¡Dame, prima, dame!

    Heidi, le dio, le dio con la zapatilla.

    -¡Plas, plas!

    -¡Aaaay!! ¡¡¡Hija de puta!!

    Le volvió a dar, pero ahora a toda hostia, y metiéndole un dedo en el chochito.

    Alba se corrió jadeando como una perrita. Sus piernas temblaban. Su cuerpo se sacudía y su jugo calentito salía de su coño, bajaba por los muslos de su hermana, se juntaba con el que tenía en la raja abierta y caía en la cama.

    Al acabar de correrse. Amaia le dio la vuelta, Heidi, le lamió el coño de abajo arriba, rápido al principio y a toda mecha después, Alba, chillando como una coneja, se volvió a correr, una y otra, y otra vez, hasta cinco veces se corrió antes de perder el conocimiento.

    Amaia, al ver durmiendo a su hermana pequeña con aquella carita de felicidad, le dijo a Heidi:

    -Le gustó el castigo.

    -¡Puuuf! ¡Cómo me puso tu hermana!

    -Y a mí. ¿Follamos?

    -Por primera vez en mi vida tengo ganas de hombre.

    Alejandro, que en ningún momento se había tocado, le dijo:

    -¡Para mí no mires!

    Fueron a por él y, la verdad, mucha resistencia no opuso, ya que lo cogieron una de cada mano, y lo único que dijo, con voz amanerada, y contoneándose al andar, fue:

    -¡Nooo, abusonas, noooo!

    Lo desnudaron al lado de la cama. Su hermana Amaia, en cuclillas, le lamió y le folló el ojete, Heidi, arrodillada, le lamió los huevos y le mamó la polla empalmada. (Las películas gay que había visto le enseñaran como hacerlo) Alejandro era virgen, y aquello que le hacían, minutos después, hizo que se corriese en la boca de Heidi, a la que no le dio asco como pensó que le daría, ni al mamar, ni al recibir la leche caliente en su boca.

    Se metieron en cama. Amaia era ahora la que le mamaba la polla a su hermano, una polla que se pusiera blanda, y que trataba de poner dura. Heidi le comía la boca. La polla no tardó en ponerse dura. Amaia subió encima de su hermano. Heidi le puso el culo en la boca y Alejandro, se lo lamió.

    Amaia le cogió la polla con su mano derecha y la frotó contra su coño abierto y empapado.

    -¡Noooo, chocho, nooo! ¡¡Culito, quiero culito!!

    Amaia jugó con la cabeza de la polla en su ojete. Empujó con el culo y metió la puntita.

    Alejandro, se había estrenado.

    -¡Siiiii!

    Amaia la sacó y la metió en el coño. Entró tan apretada como en el culo, pues en el aquel coñito sólo habían entrado dedos. Alejandro pensaba que se la estaba clavando en el culo y le dio caña.

    -¡Te voy a romper el culo!

    Unos minutos más tarde supo que no le estaba follando el culo, y fue cando el coño de Amaia apretó su polla y descargó sobre ella el jugo calentito de una corrida.

    A Alejandro le había gustado ver y sentir como ser corría una mujer.

    Heidi, (dándole la espalda a Alejandro) ocupó el lugar de Amaia. Se metió la polla en el coño. Alejandro le magreó las tetas y le besó el cuello. Heidi lo folló un rato, pero estaba tan caliente, que acabó sacando la polla del coño, (con ella salió cantidad de jugo), poniéndola en la entrada del ojete y diciéndole:

    -Métemela despacito.

    Alejandro se la metió lentamente. Cuando la tenía metida a tope, Heidi, se echó hacia atrás, y le dijo a Amaia:

    -Cómemela.

    Amaia lamió el coño, que estaba abierto como una flor. Alejandro le folló el culo con una suavidad exquisita. Al rato, del coño de Heidi comenzó a salir flujo a borbotones. Heidi se retorcía con el placer que estaba sintiendo, placer que mientras Amaia bebía de ella, le hizo exclamar:

    -¡¡¡Dioooos!!!

    Era el primer orgasmo que tenía Heidi con un hombre y una mujer y le había encantado.

    Heidi había despertado a Alba, que les dijo:

    -¡¿Pero no erais gay y lesbiana?!

    Alejandro ya no tenía voz amanerada.

    -Calla y sube. Me faltas tú. Ya follé a las otras dos corderitas.

    Amaia, dijo:

    -¡Ay que ha dicho! Zapatilla, por favor.

    Heidi le dio la zapatilla. Amaia le dio con ella en la polla tiesa por la parte del peluche. Alberto, dijo, riéndose de su hermana:

    -¡Uy, qué daño!

    No debió decirlo.

    Le dieron la vuelta. El chulito puso el culo en pompa y lo movió hacía un lado y hacia el otro. Le cayeron cuatro zapatillazos por la parte de la goma.

    -¡¡¡Plas plas, plas plas!!!

    Quiso darse la vuelta pero no lo dejaron.

    -¡¡Joooder!! ¡¿Estáis locas?!

    Amaia, le besó y lamió una cacha, Alba, la otra y Heidi le besó con lengua el ojete. Las tres se estaban haciendo un dedo mientras lo ponían a punto.

    -Seguir, seguir, loquitas mías.

    Le volvieron a caer cuatro zapatillazos.

    -¡¡Plas plas plas plas!!

    -¡¡Puta!!

    Heidi le dio unos besos con lengua en el ojete y le masturbó la polla.

    Alejandro ya le cogiera gusto a la zapatilla.

    -¡Darme caña, hostias!

    Amaia gozaba sacudiendo.

    -Joder, me voy a correr, ¡Qué desperdicio de leche. ¿La quiere alguna?

    Alba, se anotó.

    -La quiero yo en mi coño.

    Alejandro se dio la vuelta, Alba subió encima de su hermano. Amaia y su prima Heidi volvieron a hacer un 69 en posición paralela. Alejandro hundió su polla en el chochito de su hermana. Amaia y Heidi hundieron sus bocas en los coños, y poco después empezó una marea de corridas. La de Alejandro dentro del coño de su hermana.

    -¡¡¡Me coooorr, Alba!!!

    La de Alba empapando la polla de Alejandro.

    -¡Y yo y yo y yo y yo! ¡Oooooh!

    La de Amaia en la boca de Heidi.

    -¡Dámela, dámela, dámela! ¡¡¡Me voooooy!!!

    Y la de Heidi en la boca de Amaia.

    -¡¡¡Beeeebe!!!

    Fue una noche muy larga.

    Quique.

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