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Prueba a meterme la polla en el culo, papi

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Electra, a la que su padrastro apodaba Mimitos, acababa de cumplir los 19 años, medía 1 metro 75 centímetros. Era morena, delgada, de ojos grandes color avellana, piel blanca y sedosa, labios gruesos y sensuales, tetas grandes, buen culo y generosas caderas.

Bob, su padrastro, era un cuarentón, play boy hasta que se casó con la madre de Electra, Sophie, una cuarentona, rubia de ojos verdes, muy alta, aún de buen ver y viuda de un millonario. Vivian los tres en una mansión de la campiña inglesa de Surrey.

Aquel fin de semana, Sophie, se había ido a París a ver un desfile en una famosa pasarela. Eran las diez de la noche del sábado. Bob estaba sentado en un sillón del salón escuchando música clásica con los auriculares puestos y tomando un whisky con hielo en el living room de la mansión, que estaba amueblado con dos sofás redondos de cinco plazas, dos más de una plaza en las esquinas y una mesita con la parte superior de cristal entre los sofás grandes, en la que se posaba un jarrón con flores. Debajo de estos muebles había una alfombra persa. En las paredes había cuatro copias de pinturas de Sorolla: Paseo a la orilla del mar. La llegada de los barcos. Comida en el barco y Niños en la playa. El piso era de parqué y el techo de madera blanca. Tenía una chimenea con un ventilador encima, un mueble bar, tres grandes ventanales con sus respectivas cortinas, y unas escaleras de madera blanca que llevaban al piso de arriba.

Electra, con coletas y vistiendo una minifalda cortita, un top blanco y calzando zapatillas de deporte y calcetines blancos, paseaba por delante de su padrastro. Bob, se quitó los auriculares. Electra, le dijo:

-He ido de compras, ¿Te gusta este modelito?

Bob miraba para su hijastra, que se giró dándole el culo. Si su esposa no lo tuviera amenazado le diría que le gustaría arrancárselo a mordiscos. En vez de eso, le dijo:

-Un poco corta la falda, para mi gusto.

Electra, se dio la vuelta y se agachó para apretar los cordones de una zapatilla. -obviamente lo estaba provocando- Bob, vio las bragas blancas. Mirándola con lujuria y con ganas de arrancarle las bragas y comerle el chocho, soltó:

-Lo dicho, demasiado corta.

Se incorporó, y le dijo:

-A ver si te gusta lo demás que me compré.

Electra, se fue y volvió con un pantalón de deporte rojo, las mismas zapatillas de deporte y una camisa blanca, atada a lo gitano, totalmente desabotonada en la que se veía un pequeño sujetador blanco al que parecía que lo querían reventar sus grandes y redondas tetas.

Paseando de nuevo, le preguntó:

-¿Te gusta este?

Bob, pensó para sí mismo "¡Qué polvazo tienes, jodida!", y después le dijo:

-Demasiado atrevido. Irás por la calle pidiendo guerra.

Se marchó y al ratito volvió vestida de colegiala, con chichos, camisa blanca y una minifalda de cuadros más cortita que la otra y con las mismas zapatillas de deporte.

-¿Qué te parece, papí?

¡Qué que le parecía, si supiese como le latía la verga, sabría lo que le parecía!, pero Bob, le iba a decir:

-Para jugar con tu novio, bien, para ir por la calle, un escándalo.

Electra, sonriente, se fue y volvió descalza, llevaba una bata de seda, abierta, un sujetador blanco, liguero y medias blancas. Paseó por delante de su padrastro contoneando las caderas. y le preguntó:

-¿Y este caprichito que me di?

A Bob se le empezó a desbocar algo debajo del pantalón. ¡Su hijastra estaba para echarle siete polvos sin quitarla de dentro!

-Te estás pasando veinte pueblos, Mimitos.

-¿No te gusta?

-Gusta, Mimitos, gusta... Vas lista para matar. Afortunado el que te pille, pero a mí no me debías enseñar esas prendas.

-No voy a salir.

-¡Oh, oh!

Electra fue junto a su padrastro, y le preguntó:

-¿Estoy más cachonda que mi madre?

-No me gusta el rumbo que toma esto, Mimitos.

Se alejó de él y se sentó en el sillón de enfrente con las piernas abiertas, se soltó la melena, y le preguntó:

-¿Te acuerdas que pasó el año pasado en tu cumpleaños cuando me senté en tus rodillas?

Bob, mirándole para la rajita que se marcaba en las diminutas y apretadas bragas blancas, le dijo:

-Acuerdo. Aquello no estuvo bien. Si se llega a enterar tu madre me da puerta.

-Eso no impidió que te empalmaras y me hicieras cosquillas para que frotase mi chochito con tu polla.

-Todos cometemos errores.

-A mí me gustó. ¿Te traigo otro whisky?

-¿Quieres emborracharme?

-Hace falta mucho whisky para emborracharte a ti. ¿Jugamos?

-¿A qué quieres jugar, Mimitos?

-¿Recuerdas lo que me hiciste en la piscina estando boca abajo sobre la toalla?

-Te hice cosquillas en las axilas y en las costillas.

Electra, sonriendo, le dijo:

-Tienes buena memoria.

Bob, no sabía cómo salir de aquel embrollo, y le dijo:

-¿Recuerdas tú cómo se puso tu madre?

-¿Por eso no me follaste?

-Entre otras cosas.

Electra pasó un dedo por la rajita, y le preguntó a su padrastro:

-¿En los últimos años nunca te pajeaste pensando que me la comías? Yo me hice cientos de deditos pensando en ti.

Bob, trató de escabullirse de nuevo.

-Aún no me has dicho a qué quieres jugar, Mimitos.

-A los mimitos. Yo te doy mimitos a ti y tú me das mimitos a mí.

Bob echó un trago de wisky.

-Peligroso camino el que estás tomando esta noche.

-Tomo la píldora, peligro ninguno. ¿Te traigo el whisky?

-Trae.

Electra, se inclinó para coger el vaso y Bob le miró para las grandiosas tetas. Al darse la vuelta e ir hacia el mueble bar, Bob, vio cómo su culazo iba de un lado al otro y su verga, su verga latió al mismo compás. Poco después volvió con el whisky. Encarándolo, se sentó en el regazo de su padrastro y le llevó el vaso a la boca. Bob, tomó un sorbo. Electra sintió la verga dura bajo su coño. Se hizo la ingenua.

-¿Qué es eso tan duro que siento, papi?

-Es algo que me acabas de romper.

Se levantó, posó el vaso sobre la mesa, y le dijo a su padrastro:

-Pobrecita. Sácala que le quiero dar mimitos.

-Déjala estar que está bien donde está.

Electra, puso morritos.

-Un besito, deja que le dé un besito, papi.

Bob quiso decirle: Un besito te lo daba yo en todo el coño, pero le dijo:

-Ni harto de whisky.

-Si estas deseando que se lo dé, papi.

-Una cosa es lo que se desea y otra lo que se puede tener.

Electra se volvió a sentar en las rodillas de su padrastro, le desabotonó los botones de la camisa, mientras le decía:

-Llevo años pensando en ti. Una parte de mi me decía que no estaba bien y la otra que tenía que follar contigo. -movía su culo alrededor haciendo que su coño rozase la verga- Follando con el profe de química pensaba en ti, follando con Linda, pensaba en ti, follando con Jaime pensaba en ti. Masturbándome pensaba en ti...

-¿Tan obsesionada estás conmigo, Mimitos?

-Sí. ¿Me vas a quitar la obsesión, papi?

Bob, echó un trago de whisky, y después le dijo:

-Si se entera tu madre me capa.

-No se va a enterar. Dame mimitos.

Bob, ya se lanzó.

-Primero tengo que castigarte. Fuiste una chica mala.

-Castígame.

-Échate sobre mis rodillas.

Electra se volvió a levantar, quitó la bata de seda, el sujetador, las bragas, el liguero y las medias y se echó boca abajo sobre las rodillas de su padrastro. Bob le azotó las nalgas con la palma ahuecada de su mano derecha.

-¡Plas, pas, plas...!

-¿Te vas a volver a portar mal, Mimitos?

-No, papi, de ahora en adelante sólo voy a follar contigo.

Después de una buena azotaina, el chochito de Electra ya estaba mojado, Bob le pasó un dedo por la rajita, le salió pringado de jugo, se lo metió en la boca y Electra lo chupó. Se puso en pie para arrodillarse de inmediato. Le abrió la hebilla del cinturón a su padrastro, le desabotonó el botón del pantalón, le bajó la cremallera. Bob, se quitó la camisa y los zapatos y levantó el culo del sillón. Electra le quitó el pantalón. ¡Tremenda verga tenía Bob! No es que fuera muy larga, ya que no llegaba a los 18 centímetros, pero era gorda como una pitón.

-Ahora sé porque te ganabas tan bien la vida siendo gigoló. Con esta maravilla las volvías locas.

Electra le cogió la verga y movió su mano de arriba abajo y de abajo arriba mientras le lamía y le chupaba las pelotas, después lamió de abajo arriba. Al llegar a la cabeza se la lamió repetidas veces. Luego se la mamó largo rato, más tarde se levantó un poquito y le lamió y chupó los pezones, para acto seguido meter la lengua en su boca y besarlo con pasión. Poco después, Bob, echó a Electra sobre el sofá, le besó y le lamió el cuello, lamió, besó y mordió los lóbulos de sus orejas, le volvió a comer la boca, le besó, lamió y chupó tetas y pezones, luego lamió sus labios empapados de jugo. Electra no paraba de gemir. Besó y lamió su clítoris, metió su lengua en su vagina. Se detuvo, la miró a los ojos, y le dijo:

-El profe de química, la chica, el chico... Todo era mentira, aún eres virgen.

Electra, echando por fuera, le dijo:

-Mentirijillas. Estaba esperando por ti. Te quiero desde el primer día que te vi. Quiero que seas el primero.

-La cosa se complica. Una mujer enamorada puede hacer cualquier cosa por el hombre que ama.

-Menos hacerle daño. No me importará compartirte.

Bob, enterrando la cabeza entre las piernas de su hijastra, le dijo:

-Que sea lo que el diablo quiera.

Bob, sabía bien como, donde, y cuando besar, lamer y chupar. A los ocho o diez minutos, Electra, le dijo:

-Me voy a correr, papi.

-Lo sé, Mimitos, lo sé.

Electra, echó la pelvis hacia arriba y se corrió, diciendo:

-¡¡Te aaaamo!!

Bob, sintió como su hijastra, se meaba por ella con el gusto que sentía, no le importó, bebió todo lo que pudo de lo que salió de su coño.

Al acabar, el sillón estaba perdido. Electra, le dijo a su padrastro:

-Vamos a tener que seguir sobre la alfombra, papi.

-Sí, e ir a buscar lubricante dilatador.

Parecía sorprendida.

-¡¿Tienes?!

-En la mesita de noche de la habitación de tu madre...

-Ya voy yo.

Un par de minutos más tarde volvía Electra con el lubricante dilatador. Se volvieron a besar y se masturbaron mutuamente. Cuando ya estaba otra vez cachonda, de dijo Electra a su padrastro:

-¿Cómo me pongo, papi?

-A cuatro patas.

Electra se puso a cuatro patas sobre la alfombra persa. Bob se arrodilló detrás de ella. Le pasó la lengua del periné al clítoris varias veces mientras le magreaba las tetas. Cuando le metió la punta de la lengua en el ojete, Electra, le dijo:

-¡Qué sensación más placentera!

Al poco le ponía la punta con rosca del tubo de lubricante en el ojete, se la metía, apretaba y le lubricaba el recto. Al ratito le metía un dedo, dos, y después tres. Le folló el culo hasta que Electra le dijo:

-Prueba a meterme la polla en el culo, papi.

Bob, puso el cabezón de su verga en el ojete, empujó y metió la puntita, Electra, empujó con el culo y se metió el resto de la cabeza.

-Parece que me entró un camión, pero me gusta.

Cinco minutos más tarde, ya le follaba el culo como si fuese un coño apretadito. Se la sacó. Metió la punta del tubo en su coño y después le hizo con los dedos lo mismo que le hiciera en el culo, hasta que, como antes, le dijo:

-Prueba a meterla en mi chochito, papi.

Le metió la puntita, y como entró sin dificultad le metió la cabeza y después la verga entera. Al tenerla dentro, le dijo Electra:

-Fóllame despacito, papi.

Bob, la folló así: Agarrándola por las tetas la metía hasta e fondo en el coño:"Zaaaas". La quitaba y se la metía en el culo hasta el fondo: "Zaaaas". A Electra le encantaba. Gemía y jadeaba moviendo el culo hacia atrás y alrededor.

Pasado un tiempo, Bob, a punto de correrse, le ametralló el coño a Electra: "¡Zas zas zas!". Electra comenzó a correrse. Salió por los lados del coño el meo a presión. Otra vez se meaba de gusto. Esta vez, sintiendo la leche de Bob dentro de su coño, dijo:

-¡¡¡Diooos!!!

Acabó de correrse, hizo que su padrastro se echase boca arriba en la alfombra, lo montó, se metió la verga, aún dura en el coño, y lo folló hasta que esta vez sí, entre gemidos, jadeos, temblores, sacudidas y estremecimientos, le bañó las pelotas con el jugo de su corrida, y no sólo una vez, se las bañó tres veces, ya que Electra era multiorgasmica.

Tomándose un respiro, le dijo Electra a su padrastro:

-¿Y si nos vamos a vivir juntos? ¿Sabías que a los 21 años heredo de mi padre tres millones de libras?

-Sí, lo sé, Electra, lo sé desde hace años.

Cada una y cada uno que saque sus propias conclusiones.

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