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Patricia y su alumno

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Patricia abrió la puerta y se sorprendió ante lo que vio. Esperaba a un niñato de instituto; un adolescente flacucho e imberbe. Pero, en lugar de aquello, se encontró con un joven de 18 años, un alumno repetidor, seguramente, un chico alto, fornido, de cabellos muy negros y piel blanca, pero morena. En esos momentos vestía unos vaqueros y una camiseta blanca sin mangas que dejaba al aire sus musculosos brazos y dibujaba su endurecido torso. Ella, que ya estaba bastante caliente a causa del calor veraniego, no pudo evitar morderse el labio inferior excitada al verlo.

El chico también se sorprendió al ver a aquella preciosidad que le había abierto la puerta. Una joven de 26 años de largos cabellos castaños, piel color marfil y un cuerpo escultural y voluptuoso que en esos momentos llevaba embutido en un ajustado top blanco y unos pantalones cortos de color rosa que dejaban al aire sus impresionantes piernas. El sudoroso joven la miró de arriba a abajo boquiabierto sin apenas disimular.

-Tú debes ser David -dijo Patricia con una cálida sonrisa- el alumno nuevo.

El joven, aún absorto en el atractivo de la chica, asintió con la cabeza.

-Adelante, pasa -continuó ella haciéndose a un lado para dejar que entrara en el apartamento.

Una vez dentro, lo llevó hasta la sala de estar, invitándole a que se sentara en el sofá, frente a una pequeña mesa de cristal donde dejó su mochila. Ella se sentó a su lado, cruzando sus explosivas piernas, y lo miró con una maliciosa sonrisa.

-Bien -empezó a decir con una voz perversa-. Así que eres un mal estudiante que ha acabado con la paciencia de otras profesoras particulares...

-Si -respondió el joven; mientras hablaba, echaba furtivas miradas a las piernas y el escote de la chica-. Le seré sincero. Yo creo que estudiar es una pérdida de tiempo, pero mis padres quieren que, al menos, termine el bachillerato y me obligan a malgastar parte del verano con estas clases particulares. Así que, si podemos empezar ya para que se acabe la hora cuanto antes...

Se dispuso a abrir la mochila para sacar los libros de texto, pero Patricia lo detuvo cogiéndole suavemente por la muñeca.

-¿Es que no te agrada mi compañía...? -preguntó en plan provocadora.

-Por supuesto que sí, pero si fuera para otra cosa que no fuera estudiar...

-Pues yo pienso que estudiar no es una pérdida de tiempo; lo que pasa es que no han sabido motivarte bien. Yo tengo un sistema especial para chicos como tú.

-¿Qué sistema...? -preguntó el chico cada vez más nervioso y excitado.

Ella, con una sonrisa cada vez más perversa, se acercó más a él hasta el punto de que casi le susurra al oído.

-Te diré lo que vamos a hacer. Cada semana vendrás con una lección aprendida, da igual el tema o la asignatura, eso lo dejo a tu elección. El caso es que, si me demuestras que te la sabes, te daré una recompensa...

El joven, cada vez más excitado, arqueó las cejas al mismo tiempo que en su entrepierna un bulto empezaba a crecer y a luchar por salir del pantalón.

-¿Que... Qué clase de recompensa...? -preguntó con voz temblorosa, aunque ya se imaginaba la respuesta.

Patricia no se fue por las ramas. Se abalanzó sobre el joven abrazándose a él y besándole apasionadamente en los labios. Él, totalmente perplejo, estuvo unos segundos inmóvil, pero, rápidamente, reaccionó y rodeó a la chica con sus fuertes brazos atrayéndola más hacia él.

Mientras se daban un largo y apasionado beso con lengua, las fuertes manos de él acariciaban el cuerpo de la chica, prestando especial atención a sus piernas y sus enormes tetas, las cuales toqueteaba por encima y debajo del top. Ella, mientras, alargó una de sus manos y bajó la cremallera del pantalón del joven, introduciéndola después por el hueco. El joven sintió como la suave mano de ella agarraba suavemente su endurecido miembro y empezaba a masajeárselo.

Poco después, el joven estaba sentado en el sofá mientras ella se encontraba frente a él mirándole ardientemente.

Tras hacerle un pequeño baile exótico, lenta y sensualmente se quitó el top y sus dos enormes senos saltaron ante los ojos del joven, quién solo había visto unos pechos como esos en revistas y películas porno. Después, se quitó los pantalones cortos, quedándose solo con unas sexys braguitas, también de color rosa; aunque un rosa más claro que el del pantalón.

Vestida solo con las bragas, Patricia hizo de nuevo el baile exótico, poniendo al joven más cachondo aún de lo que estaba. Acto seguido se inclinó sobre él y dejó que jugara un rato con sus tetas antes de arrodillarse frente a él, bajarle los pantalones y los calzoncillos hasta la altura de los tobillos, agarrar su cada vez más dura y caliente verga e introducírsela entera en la boca mientras él se recostaba en el respaldo del sofá con las brazos en cruz y con la mirada fija en el techo, disfrutando de aquel agradable momento.

Más tarde era Patricia quién se encontraba en el sofá tumbada boca arriba con las piernas muy abiertas mientras el joven, arrodillado en el sofá frente a ella, completamente desnudo, le quitó las braguitas rosas y metió su cabeza entre las piernas de la chica, quién cerró los ojos y soltó un fuerte gemido de placer al sentir la lengua del chico dentro de ella al tiempo que sus firmes dedos masajeaban sus muslos.

Así estuvieron un buen rato hasta que ella hizo que se tumbara boca arriba en el sofá y ella se sentó sobre él empezando a cabalgarle. Así estuvieron un buen rato hasta que el fuerte joven la levantó en el aire y, sin dejar de penetrarla, la tumbó boca arriba en el sofá y él se colocaba encima para penetrarla con más fuerza.

Así estuvieron probando distintas posturas durante largo tiempo hasta que Patricia se dio cuenta de que el joven estaba llegando al final. Por ello, rápidamente le hizo ponerse en píe mientras ella se arrodillaba frente a él colocando su rostro justo enfrente de la verga, la cual estalló dejándole la cara completamente perdida.

El joven, muy agotado y sudoroso, se encontraba tumbado boca arriba en el sofá aún desnudo. La chica, también desnuda y aún con restos de semen en la cara, estaba tumbada junto a él dándole pequeños besitos en el duro pecho.

-Así que esta es la recompensa que me espera si me aprendo las lecciones... -dijo él entre jadeos.

-Esto es solo una pequeña muestra. Tengo muchas más cosas preparadas que te sorprenderán aún más...

-Entonces, creo que debería empezar a estudiar.

Ella rio un poco y se puso en píe.

-Será mejor que te vistas y te vayas antes de que llegue mi compañera de piso. Nos veremos dentro de una semana y espero que te traigas la lección bien aprendida; así podremos dar el resto de la clase en mi dormitorio.

Le guiñó un ojo y se encaminó al cuarto de baño, donde se disponía a darse una relajante ducha. El joven, mientras, se vistió, cogió la mochila y se marchó del apartamento.

Mientras bajaba por las escaleras, cogió el móvil y buscó el número de su mejor amigo para decirle que esa noche no iba a poder ir a la fiesta que estaban preparando. Aunque, se iba a tener que inventar alguna excusa, ya que no se iba a creer que no iba a ir a la fiesta porque quería estudiar esa noche.

Poco después, Patricia se encontraba en el mismo sofá donde antes se lo había montado con aquel chico. Estaba vestida solo con una toalla enrollada al cuerpo con sus cabellos recogidos en otra toalla. En esos momentos veía la tele mientras comía de un cubo de helado.

La puerta de entrada al apartamento se abrió entrando por ella otra joven de su edad. Era también una chica atractiva, de largos cabellos rubios y figura escultural; aunque menos voluptuosa que ella. Venía cargada con varias bolsas de tiendas.

-Uf, estoy agotada, Patricia -dijo mientras dejaba las bolsas-. Y todavía me queda terminar de hacer el equipaje antes de acostarme.

-¿Quieres que te ayude?

La otra chica negó con la cabeza.

-No hace falta. Solo me queda hacer una maleta.

Se encaminó hacia su dormitorio pero, antes de entrar, se detuvo y se volvió hacia Patricia.

-Por cierto, ¿ha venido el chico al que tenía que dar clases?

-Sí, ha estado aquí.

-Le dirías que no voy a poder darle clases particulares, ya que voy a estar fuera del país todo el verano.

Patricia asintió con la cabeza.

-No te preocupes.

-Siento haberle hecho perder el tiempo -continuó la otra chica- pero es que me ha surgido este viaje tan de repente. Hubiera querido avisarle, pero como he tenido que estar todo el día de compras y no tengo su teléfono...

-Te he dicho que no te preocupes. Además, te puedo asegurar que el chico no se ha ido de aquí muy disgustado...

-Me alegro. Bueno, voy a terminar de hacer el equipaje y, después me acostaré directamente. El vuelo sale mañana muy pronto.

Terminaron de despedirse y la otra chica entró en el dormitorio cerrando la puerta tras de su.

Una vez se quedó completamente sola, Patricia dibujó una diabólica sonrisa en su rostro.

-No te preocupes, Sandra -dijo en voz baja-. Voy a cuidar muy bien de tu alumno...

FIN

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