Una rica rusa

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Yo realmente quería seguir disfrutando de sus pechos, pero, ni modo. Tuve que darle unas mamadas de clítoris, a lo que ella respondía con gemidos, alzándose como si la picaran por abajo

Hola a todos. Mi nombre es Mario y lo que les voy a escribir realmente fue muy placentero.

Maricela. No es la típica belleza femenina que cualquiera quisiera poseer. Todo lo contrario.

Ella es muy delgada, tirándole a flacucha. No tenía un trasero frondoso; más bien era plana. A pesar de que siempre vestía con pantalones muy ajustados, sus piernas se le veían como dos popotes. Cabello obscuro con corte de hongo, de piel blanca, buena onda. Aunque a su parece ser su paga por ser flaca eran esas tetas grandes.

Como maricela es chaparrita, yo diría aproximadamente 1.60 y como vestía de blusas algo escotadas; siempre trataba de ponerme frente a ella para darle un pequeño vistazo a esos melones que hacían que me pusiera algo cachondo.

Esta señora es viuda y cuenta con casi 50 años de edad. Que la verdad casi no se le notaba.

En ese entonces estaba trabajando en el mantenimiento de la estética donde Mary trabajaba.

Luego de muchas conversaciones en temas de todo tipo, le hice notar que ella me agradaba; a lo que ella lo tomaba como broma, porque tengo 29 años y Mary decía que aún era muy joven.

Al pasar los días en los cuales estaba a punto de terminar mi trabajo. Le hice saber a Maricela que la extrañaría y demás cosas.

Como ese día no abrirían la estética, Mary compro algo de comer, en forma de despedida.

Al despedirme, me atreví a darle un beso en la boca. Ella no sabía qué hacer y antes que dijera algo volví a besarla.

Mary respondió de una forma muy rica. Nuestras lenguas se enredaban como serpientes peleando.

Sus manos acariciaban gran parte de mi dorso. Las mías se posaron sobre sus ricos y abultados pechos.

Acto seguido, desabotone su blusa, para bajar a besar esos dos manjares. Ella comenzó a respirar agitadamente, cosa que aproveche para desnudarnos a ambos.

Realmente estaba fascinado con esas tetas, pasaba mi lengua al rededor y luego la ponía en sus pezones rosados.

Pronto sentí como Maricela empujaba mi cabeza hacia abajo en señal de quería que le chupara otra cosa.

Al bajar y desde luego quitando sus calzones como de luchador, vi una rica vagina lubricada y llena de vellos púbicos.

Yo realmente quería seguir disfrutando de sus pechos; pero, ni modo. Tuve que darle unas mamadas de clítoris; a lo que ella respondía con gemidos, alzándose como si la picaran por abajo.

Llene mi boca con sus fluidos, para llenarle los pezones y luego hacer que saboreara su propio líquido.

Me pidió que la penetrara profundo y sin parar.

Haciendo esto. Aquellos gemidos eran cada vez más fuertes.

Ella clavada y yo tomaba posesión de sus tetas.

No pares. Me decía.

Yo simplemente le mamaba sus tetillas como si fuera un bebe comiendo.

La tuve que poner en cuatro; pues me daba curiosidad verle sus casi nalgas que tenía y oh decepción.

Solo se le marcaban los huesos. Jajá. Aun así seguí dándole lo más duro que podía.

Mis manos le rodeaban sus senos para apretarlos con firmeza y mucha, pero mucha lujuria.

Le pedí que me dejara hacerle una rusa.

Ella no sabía que era eso. Al enseñarle le volví a pedir que ahora apretara sus chichis contra mi falo.

Luego le alce un poco la cabeza para que me diera unas ricas lamidas en la cabecita de la verga.

Ooohh!! Exclame, al tiempo que le vaciaba toda mi leche en su boca y pechos.

Mary pidió que me acostara; pues ella aun no había terminado.

Para su edad y no es por menos preciarla. Me dio una mamada de campeonato; tanto que no perdí la erección.

Se sentó sobre mí, cabalgando, más duro, más rápido.

No me importo que aun tuviera mi semen en sus senos y me medio levante para entre mordisqueadas, lamidas y chupadas disfrutar de esas dos tetas bien formadas y nada caídas.

Maldición!! Gritaba Maricela.

Al término. Sentí como me bañaba toda la verga de sus fluidos.

Le dije que no para; pues ahora yo sería quien se viniera.

Uufff! Mary cayó encima de mí agotada y agitada.

Al momento de recuperarse, me dio un beso como al principio lleno de calentura, pidiéndome que lo repitiéramos.

Nos limpiamos y vestimos, para ahora armar el plan para otra rica sesión con sus hermosos pechos.

Créanme que Maricela es muy buena en la cama. Pero yo solo se lo hago porque esas tetas me encantan...

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