Mi primo Tono

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Jess descubrió a Tono, hijo de Adelaida, nieto de tío Paco, agricultor, fuerte, robusto. Tía Adelaida fue al pueblo a visitar a su primo y se trajo al hijo. Jess y Tono hicieron buenas migas

(Continuación de “La segunda lección”).

*****

Tía Adelaida estuvo este jueves a visitar a su padre. Tío Paco se alegró mucho de verla porque no se veían muy a menudo. Con tía Adelaida vino un chico, su hijo, nieto del Tío Paco. Se llama Tono, derivado de Antonio. Su nombre no se debe a mi abuelo sino a mi bisabuelo. Con esto ya me pierdo. Siempre me prometo hacer un árbol genealógico completo y no hay modo. Todo es porque no me decido a viajar por donde hay descendientes de antepasados, pues me da pereza. Así que, más allá de mi abuelo que no conocí, ya no me encuentro. Ahora he dado una remontada con mi Tío Paco, y estoy llegando lejos porque tía Adelaida y Tío Paco hablan de sus cosas y van diciendo gente que son familia y que han muerto. A nadie conocí. Mi primo Tono tampoco los conoció, pero a ese le da un huevo todas esas cosas.

Tía Adelaida y mi padre estuvieron hablando para que fuéramos a su casa el sábado a comer, lo que a mi padre le pareció bien y mirándome pedía mi asentimiento. Entonces yo dije:

—”Claro que vamos; pero yo pediría otra cosa, si hasta entonces Tono puede quedarse aquí y me cuenta cosas de por estos alrededores”.

Tono se quedó con la boca abierta, pues no habíamos hablado mucho, pocas palabras entre nosotros y ahora yo quería que se le invitase a pasar casi dos días con nosotros. Su madre accedió como hacen las madres:

—”Si él quiere, no hay problema; … tú, ¿qué dices, Tono?”.

—”Pues no sé…, si no molesto…, no he traído nada para quedarme…, con gusto lo haría, pero…”, decía esto porque tenía ganas y no sabía cómo hacer para que le volvieran a rogar.

—”Lo que necesites, te lo presto”, dije yo.

—”Es que…”, dijo con ganas de quedarse.

—”Vale, vale; lo que necesites te lo presto; ahora hablamos y si no tengo algo que necesites, vamos a comprarlo”, dije decidido a que ya no replicara.

—”¿Ves qué fácil te lo hace Jess?, dijo tía Adelaida.

—”Me quedo, me quedo”, dijo como accediendo a la voluntad de los demás y moviendo las manos por encima de la cabeza.

El último gesto de Tono fue tan revelador que ya no tuve duda de que lo iba a pasar con él de puta madre. Dos días ocupados con otro primo. No es guapo mi primo Tono, pero como trabaja desde pequeño en el campo con su padre tiene un cuerpo atlético al natural. Amplia cara, acostumbrada a los fríos y calores, pabellones de las orejas enrojecidos y quemados por el frío y el sol, ojos claros, brillantes y despiertos, boca grande con la dentadura hecha un asco, lo que pensé que tenía que hacerle arreglar. Mucho pelo en la cabeza y supuse que por lo que asomaba por el cuello debía tener bastante vello por todo el cuerpo. Los hombros anchos, le hacían una espalda a prueba de cargas. Tenía buen culo y se le notaba porque el short era ancho y las piernas como columnas, fuertes, gruesas, poderosas. No podía adivinar cómo era su pene, porque como llevaba short ancho y camiseta de manga corta no tenía acceso a vislumbrar ni siquiera los movimientos. Pensé que debía llevar bóxer y acerté, un bóxer azul navy con elástico de dos colores azul y rojo. Pero eso ya lo vi después y no me adelanto.

Después de tanto hablar y más hablar, tía Adelaida se despidió con un beso de su hijo Tono y me dejó la pieza para mí solo con unas palabras muy de madre mimosa:

—”Monín, Jess, querido, cuídalo que él es muy tímido”.

—”Claro que sí, tía, casi te aseguro que cuidará él de mí”, dije sonriendo.

—”Ay, que lindo es tu hijo, Antonio, qué lindo, como tú cuando eras pequeño, cómo me acuerdo…” y diciendo esto salió acompañada de mi padre y el Tío Paco.

Ahí nos quedamos los dos solos para hablar. Dudé cómo empezar, pero tuve que hacerlo. Le invité a subir a mi habitación para que viéramos qué podía necesitar. Nos sentamos sobre la cama. Y le dije si quería que le pidiéramos al abuelo un colchón o era suficiente con esta cama por ser grande, pues la cama de mi habitación es enorme, un poco más ancha que las que llaman de matrimonio. Echó una mirada alrededor y dijo:

—”Si no te molesta, prefiero así para no ir montando cosas cada vez”.

—”A mí no me molesta; cuando tengo sueño, duermo sobre una piedra”, le contesté en firme.

—”Lo que no tengo es pijama, ni ropa para cambiarme mañana”, dijo muy claro.

—”Suelo dormir sin pijama”, dije.

—”Ah, como yo, ¿en calzoncillos?”, preguntó.

—”No; no suelo usar ropa interior”, contesté.

—”Vale; me da lo mismo, pues no me pondré nada…”, dijo dubitativo.

—”Ahí en ese armario hay ropa. Traje cosas muy ligeras pero en el camino compré otras camisetas y un par de short que no he estrenado porque aquí volví a comprar; si te gusta, te lo pones y considéralo ya tuyo; si no te gusta, compramos”, le dije en plan generoso.

Se levantó de la cama hacia el armario para ver su contenido y, al abrirlo, se le fue la respiración y dijo:

—”Dice mi madre que tu padre es muy rico…, ¿es verdad?”, preguntó.

—”Eso es lo que no puedo responder a nadie, porque no sé nada, pero supongo que sí por la cantidad de negocios que lleva”, respondí con sinceridad.

—”¿De verdad que no sabes cuánto tiene tu padre?”, preguntó extrañado.

—”Mi padre nunca presume de lo que tiene, al menos ante mí; pero nunca me ha faltado nada, casi no tengo necesidad de pedir. Mira ese short amarillo, lo compré en una tienda de la primera gasolinera; lo estaba mirando, me gustó y cuando fui a pagar, ya lo había pagado mi padre”, le dije con naturalidad.

—”¡Joder, qué padrazo! Eso sí es tener padre…”, dijo riéndose.

—”Voy a darme una ducha, mientras tú escoges lo que quieras, y si quieres usar un slip, ahí hay un mini limpio, y si no te va, salimos a comprar, dije para darle tiempo.

—”¿Te vas a duchar?”, preguntó.

—”Si, antes de salir, quiero ducharme, es mi costumbre”, contesté.

—”Entonces…, ¿yo puedo hacerlo después?”, preguntó

—”Como quieras”, le dije mientras me quitaba el tank top y el short.

—”¿Esto también es tuyo?”, preguntó.

—”Eso..., ¿qué?”, dije acercándome al armario.

—”Esto…”, me miró sorprendido porque yo ya estaba desnudo y me sonreí al ver donde tenía puesta la mano.

—”Sí, es mío, ¿por qué?”, dije.

—”No, por nada, no había visto nunca; bueno, los había visto en foto, pero de verdad no, ¿cómo se llama esto…? ¿lo usas?”, me llenó de preguntas.

—”No sé cómo se llamará técnicamente, lo llamo multifunción, aquí se coloca el pene, para estimularlo y esta bola va detrás metida en el agujero; así se estimulan las dos partes a la vez y por debajo, entre los huevos y el ano va este hierro que sostiene la bola, así multiplica las sensaciones, ¿satisfecho?”, contesté.

Me fui a la ducha. Como siempre, mi ducha tarda en hacerse, además me había entretenido mirando al primo Tono y pensando que era un tío bueno, comencé a pelármela. Asomó la cabeza en la ducha y preguntó si podía pasar. Lógicamente le dije que no había inconveniente y se metió desnudo. Le cedí el sitio para que se pusiera debajo del rociador. Menuda pieza mi primo Tono. Su culo, que ya me había parecido rico cuando estaba vestido, ahora lo vi, redondeado y duro, carnoso y sólido. Sus pectorales no eran de gimnasta, sino más fuertes y redondeados, pero el abdomen estaba marcado con un bonito “sixpack" y una sección saliente, la más baja, que se debería a la clase de comida del campo, parecía tener un “sevenpack” en su abdomen. La polla me pareció espectacular, monstruosamente espectacular. Le dije:

—”Necesitas que vayamos a comprar un par de bóxer; eso que te cuelga no cabe dentro del short”.

—”¿Te gusta mi nena?”, preguntó.

—”¿Así llamas a tu polla, nena? Eso es más un machorro que una nena…”, dije.

—”Ésta es mi chica, ésta es mi nena…; pero…, ¿te gusta?”, insistió.

—”Me la comería, si me lo permitieras; ya me gustaría ser atravesado por ella”, contesté.

—”¿Eso desearías de verdad?”, insistió de nuevo.

—”Me estás incitando, no sé qué decirte, he imaginado que tú eres gay, pero no sé si estoy en lo cierto”, dije sinceramente.

—”Soy homosexual, sí; soy gay; creo que tú también, ¿es así?”, dijo.

—”Sí”, fue mi escueta respuesta.

Considerando que no hacía falta más presentaciones, me puse de rodillas bajo el agua y tomando con mis manos aquella tranca preciosa, la puse en mi boca y comencé a mamarla como yo solo sé hacerlo, con la intención de que al primo Tono le entraran las ganas de follarme en la noche y me dejara desgraciado de por vida con esa tranca monstruosa. Creo que jamás he tenido una de este tipo en la boca. Peluda, muy peluda; grande, larga, no sabría decir los centímetros, pero colgaba por más de la mitad del muslo; gorda, más gorda por la punta que por la base; grande, muy grande el glande, porque se salía del prepucio con facilidad sin necesidad de descapullarlo, porque él solo se descapullaba; medio gris y medio morena.

Este primo mío debía de haberla trabajado para que se pusiera así. Aunque me parece que nuestra genética tendía a las pollas largas, como mi padre, los mellizos y yo, pienso que Tono tenía que haberla trabajado duro, para que se duplicara respecto a las nuestras y sobre todo me extrañaba el grosor delantero en relación a su base. Estos pensamientos tenía yo mientras la estaba mamando, eso sí, con maestría, que hasta ahora nadie se ha quejado de mis mamadas, sino todo lo contrario, les dejo satisfechos. Pero al mismo tiempo sentí un poco de temor. Mi boca no alcanzaba a llegar a la base y eso que me dio un par de arcadas por quererla meter hasta la garganta, pero sentía un poco de molestia por tener la boca tan abierta. No era una polla normal. Entonces, como si fuera una pesadilla psicológica, comenzó a picarme el trasero con desiderada comezón y llevé una de mis manos para suavizarme la entrada del culo. Tono lo observó y con una fuerza descomunal, me tomó por la cintura y dándome media vuelta, que creí que me daba con la cabeza en la pared, quedé mamando aquella polla cabeza abajo, apoyando las manos en sus piernas y sujeto por la espalda, a la altura de la cintura, con los brazos de Tono que me atenazaban, mis piernas extendidas a ambos lados de la cabeza del primo, que puso su boca en mi culo y empezó a meter lengua y a lamer mi limpio trasero. Parece que le estaba dando gusto, pero el gusto me lo daba a mí, porque yo notaba ya que entraba por mi ano la mitad de la lengua y estaba necesitando ya que me pasara algo más.

Como tenía la polla de Tono en la boca y no podía hablar, levanté una de los manos con los dedos cerrados en puño excepto el pulgar que estaba abierto y extendido. Tono entendió enseguida, porque junto a la lengua que seguía friccionando todo el aro de mi culo, metió su pulgar por el agujero y pasó. Pasó y metió otro dedo; debía ser el índice porque como lo fue metiendo abría como una tenaza. Debió parecerle que estaba mi dilatación a punto, porque hizo ademán de sacar su polla de mi boca. Me dio rabia porque me dejaba sin caramelo, y me dejó poco a poco caer sobre la plataforma de la ducha, cerró el agua, o se le cerró al arrimar la espalda. Me colocó apoyando mis espaldas por los omoplatos en la plataforma de la ducha; abrí más las piernas hacia los lados, doblando las rodillas como una rana, y dejé mi agujero anal tan a punto que enculó su polla contra él. Tuvo piedad, porque si me la tira del todo, me parte por la mitad.

Me sujetaba por la cintura e ingles para evitar todo el peso contra mi espalda y fue paulatinamente metiendo su monstruosa polla. Entró, la noté, ¡vaya si la noté! Me llenó de placer, pero me paralizó tanto que no podía hacer ni el más mínimo movimiento; no podía moverme, parecía ensartado por un palo. Tono notó mi situación y con un poco de compasión me dio unas palmadas en las nalgas. Ni noté el daño ni pude gritar, estaba realmente empalado. Entonces volvió a girarme para ponerme boca arriba. Así estaba frente a su cara, sentado sobre su polla, noté alivio y le sonreí. Entendió y nos besamos. Había aliviado la tensión, no sé si por la postura o por haberse dilatado bien mi esfínter, y comencé a moverme arriba y abajo. Me di cuenta que no tenía ninguna posibilidad de que se saliera la polla de mi culo, dada la longitud, y mis movimientos se hicieron más rápidos y más largos. Aquella enorme y monstruosa polla entró y salió, nunca del todo, pero sí entró profundamente. Tanto placer me dio en mi culo esa polla, y la lengua de Tono en mi boca, que me vine y eyaculé sobre su cadera. Nos reímos y seguimos besándonos.

No tardé en sentir los espasmos, uno y otro, y de repente se vino dentro de mí, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, me perdí, ya no supe cuántos trallazos me dio en mi interior, aunque los sentí todos, pero yo estaba en mi éxtasis y totalmente abandonado. Acabé mis movimientos y seguí abrazado al primo. Ahora sentía sus fuertes brazos de agricultor y sus callosas manos. Sentí el abrazo más grande y apretado de toda mi corta y puta vida. Noté la satisfacción de Tono de tenerme en sus brazos. Parecía mi tío en lugar de mi primo, parecía mi amante en lugar de un recién conocido. Me dijo al oído:

—”Gracias; gracias, primo”.

Lo miré y lo besé. Sacó su polla de mi culo y todavía en sus brazos sentí el reguero de la lefa que salía de mi culo. Nos dejamos caer al suelo. Me dolía el ano, pero quise disimularlo. Nos pusimos frente a frente en la ducha a mirarnos y no cruzamos palabras, pero nuestras caras, manifestaban verdadera satisfacción. Nos pusimos de pie para lavarnos y con el gel le pasé mis manos por todo su cuerpo y me entretuve en aquella polla fláccida, larga y medio morena. Me entretuve tocándola, inspeccionándola.

—”¿Te gusta?”, preguntó.

—”Quizá esta noche me guste más”, respondí.

*****

Había venido Gaspar a recogernos para ir con él al castillo a llevarle el correo a Luis. Luis solía bajar a diario a recoger el correo y pasaba por casa de Gaspar para verlo y charlar un rato, pero ese día le pidió que se lo llevara Gaspar al castillo, porque tenía unos fontaneros arreglando averías y no quería dejarlos solos. Así que salimos Tono y yo con Gaspar en dirección al castillo y de camino nos indicó dónde podríamos comprar los bóxer que necesitaba Tono. Una buena tienda, muy surtida. Eligió tres, pagué y salimos.

Tono no había visto nunca el castillo y le vi muy interesado. Así que al llegar ya estaban acabando los fontaneros y Luis nos dijo que esperásemos a que se fueran mientras tomábamos una cerveza. Preguntó Luis:

—”Vosotros queréis ir a la piscina, lo sé; ahora enciendo las luces porque se está haciendo tarde; pues os vais, yo le doy un paseo a…

—”Tono”, dijimos los tres a coro.

—”… Tono para que vea el castillo y nos juntamos con vosotros; no os bebáis toda el agua de la piscina, ¿eh?”, concluyó escuetamente Luis.

—”Y tú no te comas a mi primo”, dijo malintencionadamente Gaspar, haciendo gestos con sus manos.

Gaspar y yo nos fuimos directamente a la piscina. El agua estaba caliente, pero algo menos que el ambiente, así que refrescaba un poco. Llevábamos un buen rato jugando y no habían venido, nos extrañó mucho. Por fin aparecieron con unas bandejas y unas cestas. Traían la cena preparada. Eso no estaba previsto, pero nos gustó. Luis se desvistió y se echó a la piscina. Tono estaba con ganas pero no se atrevía. Razón tenía su madre en decir que era tímido. Desde la piscina le dije que se desvistiera y entrara, que nadie se extraña de nada. Pero no fue así. Cuando entró y se nos acercó, fue Gaspar el que le dijo:

—”Buena pieza luces, ahora sabrá Jess lo que es disfrutar”.

Nadie hicimos más comentarios pero todos nos reímos bastante, incluso Tono. Ya nadie dijo nada, ni al salir, ni mientras estábamos comiendo. Mientras estábamos en la piscina, hicieron una escapada Luis y Gaspar, y tardaron en venir. Salí de la piscina para sentarme sobre el césped y Tono también salió y se puso a mi lado.

—”Tardan en venir, ¿no te parece?”, dijo Tono.

—”Están follando, seguro”, le contesté.

—”¿Sí?, ¿cómo lo sabes?, preguntó.

—”No lo sé, lo imagino; pero no me equivoco, seguro; ¿qué otra cosa pueden hacer?”, respondí.

—”Ah, claro; y… tú, ¿tienes novio?”, preguntó de nuevo.

—”No; yo no me voy a casar ni quiero tener nada en firme y con compromiso; y ¿tú?”, dije.

—”Yo tampoco tengo; no es fácil tener por estos pueblos un novio, es una suerte lo de Gaspar y Luis; a lo más de vez en cuando salgo al campo y me encuentro con alguien que no sé si es gay o no, pero nos damos un lote y cada uno a lo suyo, porque aquí hay homosexuales, pero se casan con un zagala para disimularlo, luego se buscan entre ellos, pero eso a mí no me gusta, me suena a traición, a consuelo o no sé qué; también hay heteros que buscan un gay para que se la mamen o dar por el culo porque sus mujeres ya les han negado todo; pero eso, si lo sé, no lo quiero, aunque a veces también tengo ganas”, contó esto entreteniéndose en detalles de poca monta.

—”Es decir, os vais, os bajáis el pantalón sin miraros y de inmediato a follar rápido hasta eyacular, luego todo a la mierda”, dije con desagrado.

—”Así es; luego todo a la mierda”, respondió.

—”Eso es puro polvo: mañana te presentaré a un amigo mío; ojalá os podáis hacer amigos vosotros; pero no digas nada a estos de lo que te acabo de decir”.

Fue mi última palabra cuando llegaron Luis y Gaspar. Mientras cenábamos, hablamos casi de todo hasta la hora de irnos. Como yo había llamado a Paulina para avisarle que no íbamos a cenar, aunque ella me dijo que nos dejaría una cosa, que había preparado expresamente para nosotros, no teníamos ninguna prisa. No; no tenía por qué tener prisa, pero sentía el deseo de estar a solas con Tono. Por mi cabeza pasaba Néstor, Tono, y…, sí, él también, pero no podía reconocer su cara porque nunca le había visto. Pero estaba, estaba dentro de mi cabeza, no como un fantasma sino como una realidad deseada. Nadaba y comía y me preguntaban si me pasaba algo, a lo que tenía que disimular y decir que me había cansado nadando. Pero no era verdad; la verdad es que mi pensamiento estaba dividido entre lo que sucedería al llegar la noche y lo que sucedería cuando llegara a mi casa, tras el viaje.

Estaba a mitad de semana y había vivido momentos intensos, ahora pensaba si sentiría añoranza por los días pasados en este pueblo, por estos amigos, o podría tener algún tipo de consuelo satisfactorio. Sé que esta semana está siendo de sorpresas y que quizá me he puesto al galope o trotando o en plena carrera, pero pensaba mucho cómo serán mis días allá, cuando en medio de los exámenes mi mente se venga hasta aquí. Lo mismo no iba a ser, pero quisiera poder conseguir alguna esperanza en el propósito que me había planificado. Me di cuenta que me estaban mirando en silencio y dejé mis pensamientos. Seguimos hablando de qué íbamos a hacer el viernes. Se me ocurrió proponer ir al río todo el día. Pero ya dijeron que no de entrada. Así que propuse ir antes de comer y les pareció bien. Luis dijo que no vendría y que Gaspar le recogiera el correo porque los fontaneros iban a ir para rematar la faena. Quedamos en que iríamos por la mañana, luego a casa y por la noche a la discoteca de no sé qué lugar un poco apartado del pueblo. Me pareció bueno el plan. Con esto proyectado, ayudamos a Luis a retirar las cosas, poner orden y vestirnos para irnos a casa. Al momento de despedirnos, los tres besamos a Luis.

—”Hoy me ha tocado la lotería, ya tengo tres novios”, dijo Luis riéndose.

—”¡Alto ahí!; tres novios ¡no!, un novio y dos amantes si lo deseas”, protestó Gaspar.

—”Solo te deseo a ti, caro carísimo; te he dicho mil veces que tú y solo tú eres mi Gas”, respondió Luis.

En el coche, Gaspar habló como siempre de Luis, verdaderas genialidades, lo puso en lo más alto. Le dije a Tono:

—”Eso es querer; ¡estos se quieren de verdad!”.

Nos dejó a la puerta de casa y entramos a saludar al Tío Paco y a mi padre, estaban cenando. Nos sentamos con ellos para contar que veníamos con Gaspar del castillo y de la piscina y todo eso. Mientras, mi Tío Paco sacó un pastel de hojaldre y crema que había hecho Paulina para nosotros, pero era muy grande y nos esperamos a que ellos acabaran de cenar para que les sirviera de postre. El Tío Paco le dijo a su nieto:

—”Tono, ¿lo estás pasando bien?”.

—”Abuelo, ¿se puede aburrir uno con este?; ya tiene preparado todo el plan de mañana, si no va a dejarme vivir…”, contestó Tono.

—”Eh, eh, eh, que tú no te quedas corto…”, protesté.

—”Antonio, se lo pasan bien; ¿ves?, esto es lo bueno de ser joven, no saben de historias pasadas ni rencores. ¿Te imaginabas esto? Tú solo querías irte del pueblo y a tu hijo le falta pueblo. Así es la vida. Ojalá no hereden nuestras miserias y diferencias”, dijo el Tío Paco.

Como mi padre era escueto en hablar y prefería callar y no replicar a ese hombre a quien quería como a su padre, intervine yo:

—”Abuelo, nosotros no vamos a ser así; Tono y yo seremos primos y muy buenos amigos, y, si a mi padre le parece bien, que sé que sí, cuando vayamos a la playa quisiera invitar a Tono y a mi amigo Néstor, para que lo pasemos bien allí”, dije.

—”Sabes bien que yo no te pongo inconveniente, pero no sé cómo será posible, porque con tu madre y tu hermana, ya sabes”, dijo mi padre.

—”No, papá; este año nuestras vacaciones en la playa serán para ti y para mí; tu traes tus amistades y yo las mías; a mamá y a Roxana no les gusta mucho el mar y será fácil convencerlas”, propuse de modo firme, pensando en secreto a qué amistades de mi padre me refería.

—”Si consigues eso, no hay inconveniente”, resolvió mi padre.

—”¡¡Bravo por mi padre!!”, canté de alegría.

—”Pero te voy a pedir un favor, mañana levántate pronto; yo desayuno a las 8 y luego tengo que salir; antes de irme el Tío Paco y yo hemos de conversar contigo necesariamente”, dijo mi padre.

—”A la orden, capitán, sus deseos serán cumplidos”, dije poniendo mis dedos en la frente.

Comimos el postre, vimos un rato la televisión y nos fuimos todos, cada uno a su habitación; al que nos íbamos, el Tío Paco me llamó y me dijo si necesitaba algo o ya estábamos arreglados. Le dije que todo estaba en orden, lo besé y me fui. Tono, al ver que yo había besado a su abuelo y que le daba un beso a mi padre, regresó y le dio un par de besos a su abuelo; al Tío Paco le brillaban los ojos y con el dedo índice se secó una lágrima. Era la primera vez que Tono lo besaba desde que era muy pequeño. Las barreras de las diferencias familiares se estaban derrumbando.

*****

Nos sentamos en la cama uno junto al otro y comentamos las tonterías que arrastran las familias. Nos juramos uno al otro que eso no iba a pasar entre nosotros y que haríamos lo posible para olvidar las cosas desagradables que otros tuvieron anteriormente. Luego a mi primo, porque había entrado en confianza, le hablé de lo malvada que era mi madre y que por eso no la quería en la casa de la playa. Incluso le dije que era probable que mi padre algún día se divorciara y se uniera a otra persona a quien yo deseaba conocer. Se alegró de la confianza que deposité en él, indicándole que de esto no dijera nada a nadie, que ya mi padre diría lo que fuera conveniente si llegaban a algo. Pero le aseguré que cuando viniera a la playa, se traería con él al amigo que le iba a presentar mañana. Le hablé de Néstor, de cómo estaba descubriendo su homosexualidad y de lo mal que lo había pasado, pero que eso se le curará porque va a vivir con sinceridad consigo mismo sabiendo cómo es él mismo.

Tono comenzó a mirarme con cierto respeto, porque, además de la confianza, le hablaba bien de la gente; pero se extrañó porque yo mostraba poco amor hacia mi madre. Tuve que decirle que nos soportaba pero no nos quería. Ella buscaba su vida y nunca se había preocupado de nosotros sus hijos, que algo, quizá por ser mujer, se entendía con mi hermana, pero que nunca nos había llevado al colegio ni nos había recogido. Esa tarea siempre la había hecho mi padre y cuando no podía, contrataba a una persona para que lo hiciera.

—”Nunca sentí el cariño de mi madre; jamás me ha arropado en la cama; creo tener déficit de besos maternos, peor que si hubiera estado en un internado; si me dañaba algo, le decía a mi padre que me curara; si lloraba, se enfadaba, pero nunca me abrazaba ni me besaba; ahora de mayor se porta peor conmigo, busca siempre cómo fastidiarme; si me pongo a estudiar, canta, grita, me habla desde otra parte a gritos; si me pongo los auriculares para no oírla, viene y me toca en la espalda; si miro la televisión, me cambia de canal, por eso no me gusta la televisión, porque nunca he visto algo en serio y completo, mas que cuando estoy solo en la playa. Así es siempre. Si digo de invitar amigos le molestan, por eso a mi casa, si sé que está ella, no invito a nadie… y así te podría ir diciendo toda una larga lista de agravios que soporto a diario”.

Tono se quedó con la boca abierta, y a mí se me escaparon unas lágrimas de mis ojos. Tono me abrazó y sollocé en su pecho. Me sentía querido en sus brazos, me sentía alguien. Me dijo:

—”¡Triste es eso! Pero tu padre sí te quiere, se nota; y ahora tienes un primo que te quiere, te ama y te admira…”

Con mis lágrimas y llorando sin poder reprimir mi llanto, levanté la cabeza y lo besé; Tono besó mis lágrimas que iba sorbiendo con sus labios y me besó en los ojos y en la boca. Se mantuvo abrazado a mí hasta que me calmé. Cuando me calmé quise secar mis lagrimas y me dijo:

—”¡No!, quiero contemplarte así, con tus lágrimas y tu belleza, porque eres muy guapo, ¿sabes que eres muy guapo?; ya me gustaría ser tu hermano, pero como te amo, haremos un pacto: vendrás todos los años y todos los años iré a verte. Ya nos las ingeniaremos”.

—”Ya nos las ingeniaremos, así se habla”, le dije dándole un beso.

Me levanté para desnudarme y cambiar las luces a tenue. Hizo lo mismo. De nuevo me puse a contemplar su polla, además, era hermosa, más gorda por la punta que por la base y quise saber si eso era de natural o se había hecho algo. Se lo pregunté y me dijo:

—”Yo quería una polla grande, muy grande; pregunté a varios y me hablaron de pastillas e instrumentos que no estaban a mi alcance aquí en el pueblo. Leí en internet lo que hacían ciertos sujetos de unas tribus de Oceanía y lo puse en práctica. Cuando nadie me veía y estaba en el campo, por dentro del pantalón, ponía piedras atadas al pene para que creciera. Me hice un artilugio de caña y metía allí el pene y las piedras hacían de peso para que creciera. Sí funciona; al principio me hacía daño y tuve una fuerte hinchazón; como yo sabía su procedencia, no me preocupé; con agua y estiércol caliente me lo curaba. La parte de la caña tiene el grosor del hueco de la caña, la parte delantera tiene el grosor de la hinchazón. Yo no quería una polla gruesa, sino larga. Pero ahora me ha quedado gruesa y larga”.

—”¿Es incómoda cuando vas vestido?”, pregunté.

—”No; estoy acostumbrado, la llevo siempre conmigo y no me la quito nunca”, dijo esto y nos reímos los dos por la broma.

Entonces comencé a acariciarla como si me compadeciera de ella, porque iba diciendo en voz suave:

—”¡Cuánto habrás sufrido de manos criminales, pobre pollita, todo por unos centímetros de más; manos de puto maricón te han lastimado, pero está contenta porque ahora te ves bella, esbelta, gustosa, sabrosa y señorona”.

Tono se iba riendo por las tonterías que yo decía y ya no pude resistir de tener aquello en la mano y comencé a meterle lengua a toda ella, luego la boca para masturbarla; como mi boca se cansaba, de vez en cuando la sacaba para apretar la base de la polla o descapullarlo y pasar los dedos por el anillo del glande para que lo gozara. Tono quiso que hiciéramos un 69 y nos colocamos en la cama acostados de lado para mayor comodidad. Me jamé la polla y le metía dedos en el culo. También me gustó masturbar aquella polla con las manos y hacer rimming con su culo, que me supo a gloria. Así estuve un largo rato pero como Tono mama muy bien, por fin me entraron las ganas de eyacular porque notaba mis espasmos y que estaba ya el esperma en la base del tubo peneano. No quise avisar para que se sorprendiera y descargué bastantes veces, que yo sentí con mucho placer pero no conté porque estaba pendiente de su descarga, ya que había notado sus espasmos y no tardó mucho y se vino abundante. Como tenía tanta polla metida en la boca, una parte me entró directamente por la garganta, otra la saboreaba, era un agridulce delicioso y otra parte se me escapaba por la comisura de los labios. Pero mis penas se habían calmado.

Nos arremolinamos los dos juntos jugando con nuestro cuerpo, haciendo picos, sobre todo yo, o miraba a los ojos. Pero noté que Tono estaba prendado de mí. Yo pensé que, al llorar delante de él como lo hice, me apreciaría menos o pensaría que soy un niñito, pero su reacción fue otra. Por momentos pensaba que se estaba enamorando de mí por las cosas cariñosas que me decía. Así como a mí se me arrancan palabros malsonantes, a Tono nunca se le oye hablar ninguna palabra injuriosa. Si yo digo puta, él se ríe, no tanto porque le gusta sino porque le extraña. Me contó que en su casa cuando se decía de alguna mujer del pueblo que era una puta no se decía con esta palabra sino con otras similares, “musa”, “rusa”, “lusa”, “fusa”, etc., sobre todo si había niños y jóvenes delante. A mí me gustó lo que me contaba, pero acostumbrado a escuchar los insultos que mi madre le suelta a mi padre, me han entrado todas las palabras más groseras del vocabulario por esa maestra que he tenido. Mi padre, con ser un macho de verdad, tampoco dice palabras soeces, de modo que alguna vez me dice que debiera moderarme para no tener ningún disgusto, pero se me hace difícil.

Entonces yo le solté para su conocimiento todo el elenco de los nombres del pene. Y le decía que hay dos cosas que tienen más nombres que ninguna, el cerdo y el pene. Eso le hizo gracia y me pidió que le dijera todos los nombres que yo conocía para el cerdo.

—”Puerco, gorrino, marrano, guarro, cocho, cochino, cuino, y algunos se dedican a las personas por su parecido al cerdo en cuanto a la suciedad, como desaseado, sucio, maloliente; también se dice al cerdo con estos nombres: asqueroso, cebón, chancho, verraco, cochinillo, cocha o bocha para la cerda, lechón para comerlo de una forma determinada. En definitiva oficialmente creo que tiene 9 nombres: Lechón, Tostón, Cochinillo, Cochino, Gorrino, Marrano, Guarro, Puerco, Cerdo, Y en algún sitio, Barraco, Chancho y Gocho”, le dije lo que yo conocía más o menos.

—”¿Y el pene cuántos nombres tiene?, preguntó.

—”Hoy he conocido uno nuevo”, dije riéndome.

—”¿Cuál?, desembucha esos nombres, dijo ansioso.

—”Calma, calma; va por ahí. Oficialmente reconocido por todos tiene los siguientes: falo, verga, miembro, órgano viril, glande y bálano. Pero creo que hay más de mil maneras de decir pene. Quizá sea la cosa que más nombres ha recibido, además de los indicados, por ejemplo: Canelón, poronga o foronga, chota, pito, pija, la propia, ganso, la nutria, pedazo, pistola, banana, garumpeta, chingo, cañón, pirulín, joistick, pendorcho, garcha, socotroco, manija, palanca de cambios, muñeco, chupachup, caño, cañón de carne, marcelo, bombilla de cuero, happy, paquete, motumbo, mástil, palo, warasca, helado palito de carne, soldado, dispensador de leche, wasca o guasca, anaconda o anaconda 2, salchichita de Viena, chizito, alfajor de dulce de leche, chorizo, termo entre las gambas, la guaranga, pijama...

—”¡Qué barbaridad! ¿Tantos?”, exclamó Tono.

—”Estos son los más comunes, además según países hay bastantes más, sin decir los países que no me acuerdo ahora, te puedo decir otra lista, como: calvito, terror de las nenas, escupidor, la diuca, pilin, pirula, pichula, larguirucho, el tuerto, el hueso de goma, cachito de goma, el saca caca, el zopapo, la palita, el punzón, cabeza de haba, tula, casco alemán, dedo sin uña, la coronita, la que cuelga, el que llora espeso, el fiambre, el guañaño, ñuflo, cabezón, palo del amor, víbora, el quita penas, pirulin, abrechocho, carlinhos bronw, cocacola de dos litros (si es grande y de negro), escarbador de túnel, godzilla, bagget de queso, bengala mágica, BRAD P.ITO XD, Billgates, blancucha, perrito caliente, camello escupidor, cava cueva, quitamuros, meón, padre de todos, picolini, pimpinela, plug and play, pepino cabezón, Salvador Dalí, vaginómetro, pitín, cuarenta y ocholona o cuarenta y ocholita, pizarrín, pilín, pajarito, pancho”, y respiré al concluir.

—”Es mucho, ¿no?”, dice pasmado Tono.

—”Y quedan los que usamos habitualmente en la jerga sexual para decir las cosas a lo bravo: rabo, nabo, picha, polla, tranca, pija, verga, chorra, cola, porra, pito, mango, pilila, minga, cipote, carajo, ñonga, encajoso, chupirul, chile, tomate. Esto significa que es lo que más estimamos y más consideramos como propio”, le dije.

—”Bien, bien, pero…, algo tenemos que hacer con esto que tiene tanto nombre, ¿no?”, dijo animado Tono.

—”En efecto, ningún nombre sirve para mucho, lo que sirve es «vamos a follar», y nos vamos a follar. Ahora quiero disfrutar, que ya me has hecho pensar, mira, mira cómo la tengo de mansa, vamos a endurecerla”, dije señalando mi polla totalmente fláccida y caída.

—”Pues mira la mía que da pena el pene y parece un rabo más que una tranca”, dijo Tono haciendo alarde del vocabulario aprendido.

—”Joder, puto chingón de mierda, aprendes raudo y veloz”, y me abalancé a su polla.

—”¿Qué hacemos?”, preguntó.

—”Lo que quieras, pero tengo mi fantasía”, contesté.

—”Dime, hago lo que quieras por esta”, dijo agarrando mi polla.

—”Me gustaría tener sexo intangible”, dije como sorpresa.

—”Y eso…, ¿qué es?”, preguntó.

—”No tocamos con las manos nuestras pollas, sí el resto del cuerpo, pero nuestras vergas tocan de nuestros cuerpos todo lo que se les ponga por delante, excepto las manos, hasta que tengamos las pollas duras, para follarnos. El primero que no pueda aguantar se la mete al otro como quiera y luego al revés”, no quise explicar más.

De acuerdo. Nos tumbamos a lo largo de la cama los dos y abrazados nos dábamos besos. Pero hacíamos ejercicios con nuestras pollas para restregarlas en el abdomen del otro. No tardaron en ponerse tiesas. Pero el juego continuó porque Tono besaba bien. Cada beso suyo era una verdadera degustación de labios, lengua y paladar, un auténtico disfrute. Yo hice por besar y lamer centímetro a centímetro su cuerpo total. Creo que gasté más saliva que gasolina un coche en la carretera. Lo besé todo, sus ojos, su nariz, sus párpados y cejas y cada vez que nos besábamos notaba en mi vientre una fuerza que daba empuje a mi polla para ir poniéndose dura. Lo besé por todo el cuerpo, desde el cuello, en un reguero de baba y saliva, lamiendo cada milímetro cuadrado, y me entretuve en las tetillas. Aunque las tetillas no estaban tan pronunciadas como las mías eran duras como piedra. Bajé hasta la cintura y mi lengua inspeccionó su ombligo, su vello púbico abundante, tanto como por todo el cuerpo. Matorral púbico donde daba gusto esconder la nariz para olfatear los humores corporales escondidos, una mezcla de gel, orina y semen que hacía las delicias de mi olfato.

Tono se entretenía besándome el cuello y con las manos metía dedos en mi ano, lo que me gustó en sí y por estar preparado para disfrutar de esa polla en mi ano. Luego hice unos rodeos con la lengua alrededor de su polla, ya que era prohibido tocarla pero pasé varias vueltas y me entretuve chupando y lamiendo su escroto, peludo y sabroso. La ventaja del escroto y el pubis peludo sobre el afeitado es el sabor; el afeitado no tiene sabor ni olor propio, el velloso tiene toda la gracia salvaje del olor mezclado, y cuando se pone duro y comienza a salir el líquido preseminal como estaba ya en ese momento, y se esparce por todos los pelos, cada pelo es como un fideo sabroso. Su vello es firme no se desprende fácilmente, grueso, pocos pelitos me llevé a la boca. Tono se entretenía en mi culo, porque como voy afeitado, a Tono le gustaba tanto meter dedo como meter polla, y se llevaba los dedos a la boca. Entendí que era agricultor y tenía costumbre de usar estiércol para muchas cosas y no le daba asco. Chupaba el culo y lamía como si fuera una taza de chocolate, y metía la lengua ojete a dentro, luego más dedos. Por fin me dijo:

—”Ya estás preparado”.

Me puse de espaldas, encogí las piernas doblando las rodillas y las elevé abiertas hacia los lados mostrando mi culo, con mis brazos recogí mis piernas abiertas y le di todo lo que soy a su merced. Me arrastró tal cual estaba a la parte baja de la cama y de pie, con los pies en el suelo, me ensartó su polla. Intentó meterla de una vez, pero mi cara hizo un ademán de dolor y la fue metiendo poco a poco, aunque yo le decía que siguiera sin miramientos, pero los tuvo. Y por fin la metió toda. Vi las estrellas, pero todo cambió cuando el pene debió pasar a la altura de la próstata y sentí que el cielo se me venía en vida, el placer era tal que no pude pronunciar ni un grito de dolor ni de entusiasmo, como si fuese mío. Notaba cómo iba entrando, que pasó ese punto, pero me moví para que retrocediera un poco y apuntara con movimientos de mete y saca en esa dirección, porque yo estaba gozando. Pero también él quería sentir el máximo placer y se escurrió hacia adentro. No sé donde llegó, pero me encontraba lleno, como después de una cena en día de fiesta.

—”Por donde ha pasado la punta de mi verga, pasa algo más”, me dijo sin entender yo bien.

Entonces noté que junto a su pene entraba un dedo en dirección a la próstata, comenzó a golpear el lugar y me producía un placer irresistible. Estar lleno hasta lo profundo y sentir esos toques eléctricos que no hubo otra que explotar y eyaculé en su pecho, en su abdomen y en su cara. Tenía en los brazos esperma de mis putos huevos. Yo estaba como una puta cabrona en celo y me movía como una loca desesperada. Y aún después de eyacular seguía dando los toques, que era un placer de martirio porque no se podía aguantar tanta dicha. De pronto sentí muy adentro que salían los trallazos de esperma del maricón que me estaba ensartando y sentí el largo recorrido del esperma a lo largo del pene hasta su desembocadura, auténticos ríos de leche caliente.

Luego, agotado, Tono se cayó encima de mí; estaba verdaderamente agotado. Había trabajado como para dos folladores, para darme gusto y para darse gusto. Se comportó como un puto cerdo en celo delante de la marrana. Y me besó y se quedó con la boca junto a la mía sin moverse, apretando, como si ahora quisiera comerme. Le dije que no sacara su polla, que quería descansar con ella dentro. Sentía cómo se ponía fláccida en mi interior y no me moví para evitar que se saliera. Así estuvimos un rato largo, y volví a besarlo y crucé la lengua con él. Le pedí que, sin sacar su polla, me volviera a follar. Aunque yo sabía que le iba a costar, la penetración ya la tenía, había que aprovecharla. Y después de un largo rato comenzó a ponerse dura de nuevo. La mía también y llegamos por fin al orgasmo. Me volvió a dar el producto de sus huevos para mi deleite, porque lo disfruto más cuando sale. Yo hice por no eyacular para tener mayor vigor más tarde, aunque las ganas las tenía y no sé cómo pude evitarlo, pero la naturaleza se rige por la mente.

Estábamos sudados, muy sudados, y pensé que sería bueno ir a la ducha. Entonces él me hizo quedarme quieto en la esquina de la cama y sacó su polla y al instante metió su boca para recoger lo que fuera saliendo. Cuando me avisó, me levanté y vi el suelo lleno de esperma y otras cositas con mierda fresca. Y le miré pensando que habría comido algo de mierda, entonces me dijo:

—”Es de buena calidad”.

Nos fuimos a la ducha. En la ducha comenzamos a lavarnos uno al otro y yo quería acabar allí nuestro juego antes de dormir. Como estábamos cansados, después de lavarnos y mojados, quité el agua, y como yo estaba que no podía aguantar más, mi polla, levantada, los huevos repletos y a punto de estallar, mi pensamiento decidido y mi deseo a tope, lo agaché hasta el suelo y le hice una hélice que tanto me hace disfrutar. No esperé que estuviera a punto, se la ensarté de una vez y comencé el mete y saca dando vueltas para que notara el doble movimiento de mi pene. Por fin, dando un grito y a la voz de “ya va”, me descollé como un torrente en su intestino y ahí que entró toda mi leche caliente. Me quedé un rato con la polla dentro y luego la saqué para que se enderezara. Su cabeza, enrojecida por la presión de la sangre, se me echó encima para llenarme de besos y cariños, yo con mis manos en su culo iba notando que mi leche discurría hacia el exterior. Todo se perdió por el desagüe cuando hice funcionar la ducha para acabar de lavarnos. Ligeramente nos secamos y con la toalla mojada limpié del piso de la habitación el semen desperdiciado de Tono, y eché la toalla al cesto de la ropa blanca.

Nos fuimos abrazados a la cama y dormí sobre mi lado izquierdo para que Tono estuviera detrás de mí y de esta guisa tener su monstruosa y monumental polla entre mis piernas por debajo de mi perineo. Nos dormimos y de pronto sonó el despertador, siete y media. Lo apagué y me levanté, me puse el short y un tank top rojo y bajé al desayuno para atender a lo que mi padre y el Tío Paco me habían pedido. Tono no se enteró y siguió durmiendo.

*****

Continuará con el título: “Fiesta con sauna y discoteca”.

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