Nuestra amiga argentina y sus locuras lésbicas

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La cosa es que llegamos hasta ahí, empezamos a caminar sobre el paredón de esa calle que les dije, y en un momento Pau, se para, me abraza, y me empieza a besar, y yo me deje, a esa hora pasa poca gente por ahí, me parte la boca, y me empecé a calentar

Esto es una boludez, pero son de las cosas que me gusta contar.

Hace un par de noches estaba en lo de Pau (mi compañera de la facultad que es lesbiana, en serio), fui a cenar a su casa, porque en la mía hubo un problema, no había luz, estaba embolada, y como no vivimos lejos me fui para allá.

Pedimos unas empanadas, terminamos de comer, nos levantamos para llevar las cosas a la cocina, hasta que en un momento, me da vuelta, me hace apoyar sobre la pared, pasándome sus manos sobre mi cuerpo, me empieza a meter las manos debajo de la blusa y a tocar las tetas (yo sabía que algo iba a pasar, porque cuando estoy en su casa, siempre algo, me hace).

Una de sus manos, las empieza a bajar, me desabrocha el jean, y eso me gusta, me dejo, me entrego, empiezo a sacar la cola para atrás, me lo empieza a bajar, y sobre la bombacha a acariciarme la conchita, que cuando estoy con ella, se moja ¡enseguida!

Me la sigue acariciando, hasta que me la mete por debajo de la bombacha, yo sola agarrada de la pared y gozando esos dedos que me acariciaban los labios de mi clítoris, y me ponían ¡loca!, pero la cosa cambio de rumbo, yo pensé que me iba a coger ahí, ¡pero no!

Se me acerca y susurrándome al oído, me dice, porque exactamente, con la calentura que tenía, no me acuerdo, pero fue algo así:

Pau: lesbianita, quiero hacer algo con vos desde hace tiempo.

Yo: decime, me tenes re caliente, haceme lo que quieras (yo sin saber que más me quería hacer, porque hasta la cola me hizo).

Pau: quiero que juguemos a las lesbianitas, pero en serio.

Yo: no te entiendo.

Pau: quiero que seamos lesbianas, pero ¡en la calle!

No sé, en ese momento, me sorprendió lo que me dijo, no la entendía, me di vuelta, me saca la mano de la conchita, es como que de golpe todo medio ¡se enfrió!

Yo: no te entiendo Pau.

Pau: quiero que salgamos a dar una vuelta como dos lesbianitas, es una fantasía que tengo con vos desde hace tiempo, que nos besemos en plena calle, ¡te va a gustar!

Yo: estás en pedo nena, ni loca, aparte por acá viven conocidos míos, ¡me muero si me ven!

En ese momento, por primera vez, medio discutimos, porque ella me decía que solo iba a su casa para que ella me hiciera gozar, acabar (cosa que es cierto) y una vez que ella me pide algo le digo que no, y todo eso… estuvimos un rato medio discutiendo, hasta que Pau me dice: “Hagamos una apuesta, si ganas vos decidís, y si gano yo, decido yo, pero lo hacemos como yo quiera”.

Obvio, no me quedaba otra que decirle que sí, y en verdad, no sabía si quería ganar o perder la apuesta, porque si ella ganaba, yo me iba que someter a lo que me pidiera y esas cosas me calientan, me gustan ser sumisa me excita, y si ganaba yo, probablemente le diría que no hacíamos nada, pero me iba a quedar con las ganas de una nueva experiencia, y la verdad, es que no me gusta quedarme con las ganas de esas cosas.

Bueno la cosa es, Pau va a buscar un mazo de cartas y me dice, la que saca el número más alto gana, las desparrama sobre la mesa, me dice que elija yo, saco un diez (por los que conté antes, en el fondo pensé ¡que cagada!), Pau, saca su carta y le toca un ¡ONCE!, y me dice: “vamos a hacer lo que te diga putita, me vas a cumplir una fantasía que tengo con vos ¡desde hace tiempo!, pero no seas forra, hagámoslo bien” le digo que si… son de esos momentos en que sola me caliento de pensar en que va a pasar, esa intriga ¡me excita mucho!

Va a su placard saca una pollerita, corta pero amplia (yo estaba con un jean y unas botitas cortas), ella también se pone una pollera.

Yo nerviosa, salimos juntas del departamento, en la calle me agarra de la mano, y caminamos así un par de cuadras, después, me agarra de la cintura yo hago lo mismo, en un momento (y sé que lo hizo a propósito), enfrente nuestro venía una pareja, se da vuelta y me da un beso, un beso suave, pero solo para mostrar lo que ella quería “que fuéramos dos lesbianitas”.

Ella vive cerca del Jardín Botánico (para los que no lo conocen, es un lugar enorme (varias manzanas) pero uno de los costados que deben ser como cinco cuadras seguidas, da sobre una calle re tranquila.

La cosa es que llegamos hasta ahí, empezamos a caminar sobre el paredón de esa calle que les dije, y en un momento Pau, se para, me abraza, y me empieza a besar, y yo me deje, a esa hora pasa poca gente por ahí, me parte la boca, y me empecé a ¡calentar!, estar besando a una mujer en la calle, ¡como una lesbiana! Ni yo podía creer lo que hacía, me sigue besando, baja su mano, me acaricia la pierna, y empieza a subir su mano, y la sigue subiendo, ya la estaba pasando por debajo de la pollera (ahí me di cuenta porque me pidió que me ponga esa pollerita).

Ya tenía sus manos en mi entrepierna, y las sube , mientras me seguía, besando hasta tocar mi conchita, sus manos en mi conchita, el frio que me hacía sentir que casi estaba desnuda, me hicieron calentar mucho, me dice: “¿te gusta lesbianita?, ¿querés que siga?”, “si”, le dije, “seguí, seguí”, estaba muy caliente, jamás me imagine llegar a ¡hacer eso! Veía que un par de personas y autos pasaban y eso me calentaba más, me metió los dedos, y no sé, pero creo que en dos minutos acabe, me temblaban las piernas, lo hice en silencio, ¡PERO UNA AMIGA ME SACO UN ORGASMO EN LA CALLE!, me preguntaba: “¿te gusto?”, “si, forra, ¡sos una hija de puta!” Fue lo único que le pude decir.

Ya era tarde, nos fuimos a su casa, que no eran más de tres cuadras, abrazadas, entramos de la mano, el de vigilancia ya debe pensar que soy una lesbiana en serio, en el ascensor nos matamos besándonos, entramos a su departamento, directamente nos fuimos a su cama, nos desnudamos, pero no dulcemente, fue salvaje, estábamos las dos muy calientes, me pide que le chupe la conchita, le hago caso, le meto los dedos, se la chupo, la cojo con la lengua, y la hago acabar como una perra.

Hicimos la famosa tijera, frotándonos, las conchitas, un largo rato, también besándonos y tocándonos, hasta que acabamos ¡de nuevo! Después ella agarra su consolador, me lo empieza a poner en la conchita, mis piernas totalmente abiertas, me los pone me lo saca, me sigue diciendo lesbianita, eso me calentaba más, me doy vuelta, me pongo en cuatro, regalándole mi colita, me lo sigue metiendo en la conchita y empieza a ponérmelo en la cola, me pregunta: “¿te gusta?” “si, sabes que sí”, es lo que le digo.

Dejó de ponérmelo en la conchita y me lo empieza a poner en la cola, yo ya estaba para cualquier cosa, hasta que me saco el mejor orgasmo de la noche.

Nos quedamos un rato, desnuditas, acariciándonos, en la cama y me fui, al día siguiente, me tenía que levantar temprano.

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