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Mi marido alcoholizado

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Para el cumpleaños de mi hermana, mi esposo, pasado de copas, se puso somnoliento, por lo que tuve que irme antes y para llevarlo a nuestra casa, al no poder sola con él, me ayudó mi sobrino, que se ofreció amablemente. Le quedaba de paso para ir a encontrarse con sus amigos.

Al llegar a casa, entre ambos lo llevamos a la habitación del fondo de la vivienda. Lo acomodamos en la cama y en medio del sopor y totalmente dormido, le tapamos con un acolchado.

—Querés tomar un café, Tomy —ofrecí a mi sobrino.

—No quiero molestarla, tía.

—No es molestia —dije— es lo menos que puedo ofrecerte.

Preparé café y mientras lo hacía se sentó en el comedor diario a mis espaldas. Sentía su mirada en mi espalda escotada del vestido audaz que me había puesto esa noche.

—¿le puedo hacer una pregunta atrevida, tía Daniela? —dijo Tomy.

—Como no —contesté mientras servía los café— no me molesta.

—¿Por qué duerme en esa habitación, solo y alejado de su cuarto matrimonial el tío Pepe?

Me sonreí comprensivamente, ante la pregunta osada del sobrino más buen mozo que tengo.

—Lo que sucede, es que hace un tiempo largo que con tu tío estamos haciendo vidas separadas. No le dijimos nada la familia porque pensamos que sería momentáneo. Estamos bajo el mismo techo, pero él duerme en el cuarto trasero y yo, en el matrimonial, pero sola. —le conté.

—No sabía —dijo— jamás lo imaginaría.

—Pasa en muchas parejas —y pregunté—¿por qué jamás lo imaginarías?

Bajó la vista y mientras yo levantaba los pocillos del café, dijo:

—No quiero ser maleducado, tía, pero jamás dejaría sola a una mujer como usted. Es muy bella y con una figura muy tentadora, que cualquier hombre desearía tener.

Yo llevaba un año sin tener frases halagüeñas de un hombre, ni miradas deseosas y mucho menos contacto con el sexo opuesto, y mi sobrino en un muchacho alto, con un cuerpo musculoso y atractivo a mas no poder.

—Te parece que cualquier hombre me desearía tener. —dije acercándome a él y apoyándome en la mesa, coquetamente…

—Tía, sus horas de gimnasio me hacen ver una mujer con un cuerpo juvenil, hermoso y muy apetecible. —y agregó poniéndose de pie a mi lado— yo siento igual que cualquier hombre.

Me estaba excitando y dejó de ser el hijo de mi hermana para ser un hombre (¡y que hombre!).

Pasó su brazo por detrás y tocando mi espalda desnuda deslizó su mano en una caricia que me puso piel de gallina.

—Tomy —dije junto a su oído— estamos en un terreno peligroso.

—Sí, tía —afirmó— pero no puedo contenerme. Siempre me gustó como mujer y no como tía.

—Entonces, no te contengas —dije provocativamente.

Me atrajo a su cuerpo y poniéndome ambas manos en mi desnuda espalda, me besó apasionado. Le respondí con deseos contenidos y nuestras lenguas exploraron la boca del otro. Sentí su erección a través del pantalón y con delicadeza me bajó los breteles del vestido.

—vamos a mi dormitorio —dije en un susurro— aquí no.

Me alzó en vilo con sus poderosos brazos y en silencio mientras nos seguíamos besando me llevó al cuarto mío. Luego de cerrar la puerta, me deposito suavemente en el piso y dejó mi vestido en el suelo. Yo desprendí su camisa y él bajo sus pantalones y su bóxer. Quedamos desnudos, mis pezones duros como piedra fueron besados y mordidos por su boca, me hinqué a sus pies y besé su miembro y lo succioné con avidez (era un pene más grande que el de mi ex. Duro como piedra).

Me tendió en el lecho y me comenzó a besar mis labios vaginales y siguió con su lengua explorando mi vagina húmeda por mis jugos.

—Tomy. Por favor —pedí—. Quiero que me penetres con tu mayor entusiasmo. Quiero sentirte dentro mío.

—Tía, haré lo que sea para hacerla feliz. —Murmuró— La he deseado hace mucho tiempo.

Lentamente fue penetrando mi vagina con su duro miembro, desbordando mi placer al paroxismo. Yo sentía esa penetración y casi lloraba del gozo. Le embestía con mi vientre a su miembro, queriendo que llegara a mis mayores profundidades vaginales. Su mete y saca, fue lento y me hacía enloquecer.

—Así. No te detengas. —gemía yo, totalmente descontrolada— aahhh. Maaasss. Sigue, sigue...

Con su voz ahogada de placer, él también me decía: —Que placer, tía. Te amo. Nunca gocé tanto con una mujer. —Intensificó sus movimientos, a lo que me daba tanto gusto tenerlo dentro de mí.

Apretaba mis pechos. Mordía mis pezones e inundaba mi vagina con sus copiosas eyaculaciones. Yo, tuve mis orgasmos brutales, arañando su espalda y gritando de satisfacción.

Sabía que mi marido no escuchaba nada y por otra parte no tenía derecho a controlar mi proceder. Tuvimos sexo vaginal y cuando me dijo del sexo anal, no pude negarme a pesar de nunca haberlo practicado. Fue una experiencia maravillosa.

—Esta experiencia, será la primera, sobrino. Pero no será la última —le aseguré.— me diste lo que necesitaba. Eres maravilloso.

Fue una noche de gozo que hace tiempo mi cuerpo necesitaba. También le di placer a Tomy y prometió repetir pronto.

Danino

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