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Marcelino me da la mamada y me invita a su casa

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Me gusta viajar en tren cuando no tengo excesiva urgencia. Si no tengo que hacer grandes negociados en oficinas oficiales del Estado, me visto, como dice mi padre «de cualquier manera», es decir con los más catastróficos jeans, desgastados, rotos y atrevidos, lo más ceñidos del mercado y que marque paquete ¡joder, que para eso lo tengo!, zapatillas con invisibles y camisetas, cuando hace algo de frío con sudadera y si el calor aprieta camiseta de tirantes. La verdad, la verdad: me gusta mostrar mi cuerpo, que para eso voy al gym y me esfuerzo.

Joyas llevo pocas, mi AppleWatch, un par de pulseras en la derecha y tobilleras. También llevo mi piercing de titanio con dos bolitas; como es un regalo de mi padre cuando cumplí los 18 años, lo llevo siempre, pues fue el modo de decirme: «No me molesta que seas gay, más aún, incluso me gusta», me lo demuestra y eso que él lo supo antes que yo mismo.

Llevo también el iPhone donde tengo relatos eróticos para pasar el rato mientras viajo en el tren, de lo contrario me aburro. La lectura de relatos eróticos calienta, pero algunos más que eróticos son abiertamente sexuales y me la ponen dura, muy dura, de modo que tengo que acomodar mi polla, para que no se salga por un agujero que tengo cerca, ya que no suelo llevar interiores. El día al que me refiero fue ayer y llevaba jockstraps. Estaba más seguro, pero de todas formas siempre empuja y hay que acomodar.

Por muy discreto que sea el gesto de acomodación de la polla, no se hace bajo el asiento y, por tanto, se nota o alguien lo ve. Yo observo cómo algunos miran y bajan la vista después. ¿Acaso pensarán que un hombre no tiene pene? Y eso que no me gusta insinuarme en lugares de servicio público, como es el tren, porque no hay escapatoria.

Lo ocurrido ayer no es insólito, pero fue extraordinario. Todo sucedía como acabo de describir, pero conforme nos acercábamos a la capital, el tren se iba vaciando y se quedó un tío, no tan joven porque estaría entre los 40 a 45 años, y me puso la mano encima de mi bragueta como acomodando mi polla. Le dejé que me manoseara, porque me gusta, pensando que cuando llegáramos a destino cada uno iba a irse por su cuenta.

Craso error mío. El tío siguió y siguió manipulando hasta desabotonar mi bragueta, meter la mano dentro. ¡Joder! El hijoputa de marras, metió la mano por entre el jocks y me sacó la polla. No sabía dónde meter mis ojos, por si se acercaba alguien. Me masturbó y, cuando yo ya jadeaba porque estaba a punto de eyacular, se puso delante de mí en cuclillas, se metió la polla en su boca y me la exprimió tragándose toda mi leche. Me dejó mi polla más limpia que una cubertería de plata. Soltó la polla, me la puse dentro cerrando los botones mientras me besaba, dejándome oler mi esperma y saborear mi néctar. La madre que lo parió, me dejó tieso y se fue a la puerta para bajarse. Cuando el tren paró, bajó el primero; cuando me apeé del tren ya no lo vi en el andén.

Medio turbado por lo ocurrido —que además me había gustado y me sentía feliz, aunque desconcertado—, salí despacio paso a paso por el andén, metí el billete sobre el controlador, se abrieron las pequeñas compuertas y salí al hall de la estación. Me pongo a mirar absorto, no veía al sujeto aquel, pero y escucho en mi espalda:

— ¿Dónde vas ahora?

Como un autómata, sin girarme, contesté:

— A buscar hotel y luego a realizar unas gestiones.

— Toma —me alcanza una tarjeta y me giré— no busques hotel, te invito a mi casa, no te arrepentirás. Estaré allí a partir de las 6 de la tarde.

Desaparece con prisas. Leo la tarjeta: Marcelino Fernandez Alonso. Administrador de fincas. Calle La Sagra, 9, 3º, 1ª. La dejo en el bolsillo trasero y salgo de la estación pensando si hago caso o me voy al hotel. Reacciono y me voy a una cafetería para desayunar. Me había entrado el apetito y desayuné a gusto. De ahí me fui a Hacienda a realizar mis gestiones hasta mediodía. En Hacienda tengo un amigo que me orienta y acelera los asuntos y le espero a que acabe para irnos los dos a comer, pues tras los servicios prestados tenía que invitarle a comer y charlar sin problemas.

Luis Fernando es inspector de Hacienda y siempre hace que algunos subordinados me preparen todo y luego me ayuden a resolverlo. Me gusta hacerlo así porque mi amigo me lo explica todo y procura que todo esté conforme. Aunque es algunos años mayor que yo, nos conocíamos desde la Universidad y cada vez que yo iba a la ciudad le avisaba, comíamos juntos y luego íbamos a su casa a tomar café y a echarnos entre nosotros un polvo amistoso. Esto ya era ordinario.

Pues eso hicimos. Después de un café viene otro acompañado de un lingotazo de whisky para calentarnos un poco. ¿Un poco? Si después de comer ya íbamos rápidos a casa porque estábamos ya calientes, tras el primer sorbo de whisky nos miramos y todo comienza como siempre, un beso que se prolonga mientras nos quitamos uno al otro la ropa. Mi amigo Luis Fernando es metódico, no le gustan las variaciones. Así que, desnudos y con el vaso de whisky en la mano, agarrados de la cintura nos vamos a la cama de mi amigo. Son dos escuetas sesiones, primero se la meto yo, descansamos y luego me la mete él. Descansamos un momento y Nos duchamos, nos tocamos bajo el agua, nos besamos, salimos, nos secamos y tú a lo tuyo y yo a lo mío. Es el pago de nuestra amistad. ¿Amor? Vamos, que para tener un polvo y no perder la amistad solo hace falta tener culo y polla, y de eso teníamos los dos incluso en reserva.

Mi amigo la tiene no tan larga, pero muy, muy gorda y me deja preparado el culo para lo que pueda ocurrir en la noche, porque siempre me llevo a alguien al hotel, pero esta vez me llevarán a mí a su casa y debo estar a punto de caramelo. Luis Fernando tiene su pareja desde hace dos meses, antes tenía otra y antes otra y cambia frecuentemente. Estoy seguro que Luis Fernando y yo hemos follado más veces que él con sus parejas. Así y todo no interesa a sus sucesivas parejas lo que tenemos nosotros en una relación de amistad. Aparte de que eso de ser infiel no tiene desperdicio, dice mi amigo.

Eran las 5 de la tarde cuando salí de casa de Luis Fernando, le quedaba el tiempo para poner orden a su casa porque su actual pareja llegaría hacia las 6:30 pm. Decidí darme un paseo para estirar las piernas y acomodar un poco el culo, porque no es que me doliera mucho pero lo notaba. Ciertamente que pasó llegando a la casa de Marcelino. Llamé al timbre, me reconoció por el visor y abrió la puerta de la calle. Subí en el ascensor al 3º y vi la puerta entornada. Antes de llegar ya me franqueó la puerta Marcelino. Al entrar y tras cerrar la puerta me dio dos besos y unos toques abajo por delante y por detrás muy eróticos. Se veía al tío con ganas.

Me hizo pasar a su cocina y me dijo que tenía ganas de pillarse a un tío encima de la mesa de la cocina. Le salí un poco por peteneras porque le dije:

— En todo el día no he ido al aseo, no es que lo necesite pero, si no voy, vas a oler por mi culo un volcán de mierda.

— Me gusta más así, —respondió.

A mí me daba lo mismo, yo estaba limpio, el culo también, pero seguro que los intestinos ya se iban llenando, pero si le gusta, no me quejo. Así que no insistí y se abalanzó encima de mí. El llevaba ropa amplia de estar por casa, una especie de traje chino, muy sedoso. No me costó nada de sacárselo y dejarlo desnudo porque no llevaba nada debajo; tampoco le costó nada sacarme mi ropa, aunque no me quitó el jocks porque vio que podía trabajar conmigo y le pareció mucho más atrevido. Me asió, me echó en la mesa y me revolcó sobre ella que casi nos caemos al piso. Me pareció que le gustaba hacer juegos y piruetas antes de comenzara follar y así fue, muchos revuelcos, sentarse encima de mi abdomen, luego encima de mi cara, husmearme el culo y gemir mientras olía largo inspirando mis perfumes anales.

Empezó pareciéndome todo una cochinada y acabó gustándome. Hechos estos preliminares, nos fuimos desnudos a una habitación que supuse era la suya.

Lo peor fue cuando me tiró sobre la cama boca arriba y me ató a la cama y el puto que llevo dentro se dejó amarrar. Cuando yo no gobierno la situación me pone muy nervioso, pero en esa ocasión me parecía que estaba como poseído de tal manera que me dejé dominar. Se dedicó a pasarme la lengua por todo mi cuerpo, creo que no dejó ni un milímetro de mi parte delantera por lamer y de vez en cuando se relamía su lengua como si mi cuerpo exudara miel. Yo estaba atónito pero muy placentero. Luego de besarme y pasarme su lengua, me puso en la boca una cuchara con algo para masticar, no adiviné el sabor de aquello, pero era agradable. Si hubiera sido veneno ahora no estaría escribiendo. Comió desde mi boca, masticó, me lo volvió a pasar, lo tragamos entre los dos. No sabía si esforzarme por vomitar —¡qué asco!—, pero mi polla dentro del jocks estaba ya empalmada a tope.

Se dió cuenta de mi estado calenturiento y con su boca mamaba y lamía mi polla por encima de la escasa tela que la cubría. La dejó mojada por fuera y por dentro se mezcló con mi precum. Ya tenía yo el cuerpo totalmente electrizado. Se fue a una mesita y vino con unas tijeras. Me puse nervioso, muy nervioso, tanto que bajó un poco el nivel de mi erección. Cogió la tela con la punta de mi pene erecto y grité:

— ¡¡¡NO!!!

Comenzó a cortar la tela alrededor con cuidado quedándose al soltar mi polla con la tela en sus manos, se la puso en la boca y se inclinó sobre mí para meterla en mi boca. Tiró al suelo las tijeras. Me tranquilicé.

Se puso sobre mí invertido y me comió mi polla y mis huevos con mucha dulzura, a la vez que metió su polla encima de la tela metiéndomela en la boca. Comencé a asfixiarme de verdad. Se dio cuenta y levantó su pubis de mi cara sacando su polla de mi boca y dijo:

— Prepárame el culo, quiero tener tu polla dentro y no te vengas hasta que te lo ordene.

Nunca me ha gustado el sado, ni ser esclavo, si eso duraba y me desagradaba, estaba pensando en que cuando me soltara me iba de inmediato. Entonces, tras expulsar el trozo del jocks de mi boca, le comí el culo como pude y noté que necesitaba dedos para dilatarlo. Alguna arcada me dio porque su culo apestaba y quería acabar. Le dije:

— Necesito mis dedos para dilatarte.

— Mete lengua, hijoputa, métela hasta dentro del todo, —contestó el muy cabrón.

No tuve más remedio, con asco pero en firme, decidí que me comía su culo, ya no solo le lamía su ano y su fruncido y rugoso entorno, comencé a lamer y trabajar con mis labios toda la periferia que tenía delante para encelarlo. Metí mi boca lo más que pude aprovechando que él retrocedía el culo contra mí y le di un mordisco fuerte sin dañar la piel para hacerle sentir dolor en la salida de su ano. ¡Joder, cómo suspiró! Parecía un borracho y me di cuenta que le gustó el mordisco, y lo intenté dos veces más arrancando de él sendos suspiros. ¡La puta de su madre, jodido maricón de mierda! Este no se saciaba. Entonces volví al cometido y le mordisqueé de modo continuado, tanto que perdí la cuenta y por fin quise hacerle daño, pero no me dio tiempo, entre suspiro y suspiro me dijo:

— A-uff-ho-uff-ra -uff- voy -uff- a -uff- sen-uff-tar-uff-me-uff- so-uff-bre-uff- tu-uff- po-uff-lla-ufffff.

Jadeaba de cansancio y así quería follarme mi polla con su culo. Pensaba que se iba a caer muerto encima de mí sin poderlo remediar. Pero la experiencia enseña mucho y el tío sabía lo que se llevaba entre manos. Le dolía su culo de mis mordiscos, y tras sentarse, se dejó caer, creí que me rompía mi precioso pene, pero se quedó ahí sentado mirando al techo. Se inclinó y desató mi muñeca derecha, con la mano libre, me desaté la otra. Me agarró para que me incorporara del todo y me besó tirando de mí. Estaba un poco incómodo y arqueado pero más seguro, poco a poco entramos en trance y me soltó cayendo de espaldas en la cama y notando alivio. Todo fue porque le vino su orgasmo y me soltó toda su lefa exorbitantemente sobre mi cara, mi pecho y mi abdomen. ¿Desde cuando no había follado este tío? Aquello parecía un mar de semen, más blanco que la leche.

Luego me vino mi orgasmo, no tardé mucho y se inclinó a besarme lamiendo previamente los cuajos de su esperma para que los compartiera. Estuvimos un rato así, besándonos y el tío supo camelarme con susurros y palabras cariñosas, entre otras me dijo:

— Además de guapo, atractivo y agradable, follando eres lo mejor de lo mejor, me has hecho sacar mis mejores jugos.

— Pero ahora quiero que me sueltes mis pies y que me folles tú, sin sado, sin ataduras, con amor, si es que te queda algo de amor en tu alma, —le susurré cariñosamente.

Sacó mi polla de su culo y bajó de la cama para desatarme, prometiéndome:

— No hay más ataduras, quería ver tu resistencia solamente, no me gusta tampoco el sado y he sufrido cuando me gritaste ¡¡¡No!!! Quiero que me perdones, por eso vamos a cenar y quítate esa mierda de calzoncillo. Me quité el resto de mi jocks y le seguí a una habitación. Me dio un sarong o pareo para que me envolviera y él se puso otro. Dijo sonriendo:

— No es que me dé vergüenza que nos miremos desnudos, pero vamos a pasar al comedor y las sillas son tapizadas.

En efecto, pasamos al comedor, alguien había preparado la cena fría, él mismo o algún sirviente, pero todo estaba exquisito, lo había preparado con champaña. Cenamos conversando muy agradablemente, oliendo a semen pero con hambre. No sé para qué servía la servilleta de hilo fino, si no era solo por la presentación, porque como íbamos valía la pena limpiarnos las manos con nuestro propio cuerpo. Pero la verdad es que la cena fue por todo lo alto. Al acabar de cenar quise levantar las cosas para guardarlas y me dijo que lo dejara todo. Pasamos, tal como íbamos al salón a tomar un whisky y me gustó que me acertara mi preferencia en whiskys, el Crown Royal.

Ahí, sentados en dos sillones, uno al frente del otro y con buena temperatura, comenzó a hablarme de negocios. Supe de su viaje en el tren porque venía de mi ciudad de hacer negocios y su representante había muerto repentinamente. Cuando me descubrió había pensado que yo sería el adecuado. Le hablé de los negocios familiares y me dijo que no le preocupaba, que aceptara si tenía algo de tiempo y habláramos de mis honorarios. Eso hicimos porque acepté al mostrarme una carpeta con todo el negociado descrito. Me pareció interesante y convinimos todo lo restante. Apuramos la copa y salimos hacia la habitación. Me llevó donde habíamos estado antes donde nos pusimos el sarong, pensé que era para devolverlos, pero allí me lo quitó y se quitó el suyo echándolos a un tacho de ropa sucia del baño. Entonces me dijo, señalando el tacho:

— Allá queda la etapa anterior calamitosa, aquí pasamos la primera noche de la nueva etapa.

No entendí bien, luego comprendí que se refería a sus negocios. Nos metimos en la cama e hicimos el amor. Le pedí que me follara y fue generoso, me hizo caso. Luego me lo pidió él. Serían las tres cuando nos dormíamos abrazados. Desperté como a las 9 de la mañana. Al parecer él estaba despierto de mucho antes y se entretuvo toqueteándome, gozaba de mi cuerpo que distaba en belleza al suyo. Él no estaba mal, pero se notaban sus años y su barriguita cervecera. Lo encontré prendado de mí, aunque me consta que le privaban sus negocios.

Cada vez que por asunto de sus negocios teníamos que entrevistarnos, tenía que ir con mi culo y mi polla bien dispuestos, eso era tan importante como sus negocios, los cuales progresaron considerablemente estando en mis manos, y me enviaba sus otros delegados en las diversas provincias para que conocieran mis estrategias. Todos era jóvenes, guapos y probados a fuego. Todos con ganas de follar y me los tenía que llevar a mi cama, aunque sin sustos.

Para irme me dijo que, tras la ducha, pasáramos a la otra habitación porque allí estaba mi ropa. En efecto, la encontré doblada sobre una silla, como planchada y un jockstraps puesto encima de la camiseta, similar al que llevaba, pero de mejor calidad.

Nos despedimos con un apretón de mano y me dio un sobre, que le pasó un muchacho joven, guapo y atractivo que hizo que temblara mi polla. Dentro del sobre había un cheque voluminoso para comenzar la campaña, incluyendo con mis honorarios, según indicaba la nota adjunta.

Le hice una seña con las manos y un guiñó en el ojo, referente al chaval, como quien dice: «me gustaría probarlo», pero con el dedo índice decía que no, aunque el chico sonreía y me decía que sí con su cabeza.

Salí mirando al chaval y Marcelino me dijo:

— Todavía no es el tiempo, dentro de poco, ten paciencia; pórtate bien y tendrás todo lo que quieras.

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