Nuevos relatos publicados: 6

La condena de Elina

  • 7
  • 3.161
  • 9,40 (5 Val.)
  • 0

Elina despertó en un cuarto muy bien cuidado, similar a su antiguo hogar antes de conocer a Tollan, similar a aquel cuarto en las cortes de Nigurathlán. Aunque nada comparado con las grandes cortes de Ox, la gran capital, Nigurathlán tenía un palacio muy bello con residencias aledañas de gran porte y exquisitamente decoradas, bastaba decir entonces que aquel cuarto era palaciego.

Elina se levantó de la gran cama donde había sido colocada y observó cautelosamente el cuarto, paredes de un empapelado rojo carmesí con patrones dorados resaltaban inmediatamente, sin embargo eran menguados por las dos grandes cómodas de ébano que se levantaban imponentemente y sobre las cuales unos pequeños adornos de oro y plata causaban un escalofrío a la vista, Elina se acercó más para observarlos, alumbrada por la gran lámpara de araña con curiosos grabados, y notó horrorizada como estas figuras tenían una forma fálica, algunas solamente era el pene, en otras se distinguía una pequeña figura en alguno de los extremos, que recordaba a un demonio o a un humano.

-Santo Visaerys- exclamó pensando en la deidad principal de Xanadú, Elina jamás había sido demasiado religiosa, pero en esta situación la concesión fue imperativa.

-No temas, solo pueden causarte placer y algunos de ellos vibran también - dijo una voz desconocida detrás de ella

-¿Quién…? -preguntó Elina mientras se volteaba, solo para encontrarse a aquel demonio negro que la había secuestrado -t-t-tú- logró balbucear

-¿Qué pasa? ¿Acaso te ha comido la lengua el skartla?- preguntó Velimount con una gran sonrisa arrogante

-¿Q-qué quieres d-de mí?

-Oh, no mucho, de hecho de ti no deseamos nada- replicó viéndola con lujuria -Es de tu esposo quien necesitamos algo, por eso te secuestramos, para que él se interne aquí, si es que tiene el valor para hacerlo y rescatarte, o si acaso él quiere hacerlo.

Estas palabras hicieron rabiar a Elina ¿acaso llamaba a Tollan cobarde? No podía ser, Tollan era un héroe y mas importante su esposo, el querría rescatarla… ¿cierto?

-Cállate maldito demonio, mi esposo vendrá y los descuartizará a ti y a esa mujer demonio- bramó con su dulce voz (que curiosamente no sonó amenazador)

-Mi hermana y yo le esperaremos con gusto- respondió con una sonrisa aún mas grande -Nos vemos después, Elina.

Y dicho esto salió del cuarto, Elina tenía miedo, aquellas palabras que había dicho Velimount le aterraban, lo único que podía confortarla en ese momento era pensar en que Tollan llegaría ahí en nada de tiempo y le salvaría

Pasó la primera semana y Elina estaba cada vez más preocupada, había averiguado que se encontraba en el castillo Deathtouch, aproximadamente a una semana de su villa, según le había dicho Velimount y Tollan aún no aparecía. Había pasado bastante tiempo con el demonio esa semana, era extrañamente cortés y, de no ser por su situación de secuestrada, hasta agradable, muy conversador, la visita diaria de Velimount había lentamente desplazado la esperanza de ver nuevamente a su esposo como su consolación a tan terrible situación. También había averiguado otras cosas en esas pláticas con Velimount, la relación de hermanos que tenía con Ishtar, su obsesión con la guerra, con la violencia y la pasión por la magia oscura.

Después de la segunda semana el ánimo de Elina cambió, desilusionada por el olvido de Tollan se sintió gravemente herida y sus pláticas con Velimount cambiaron de aires, ahora era ella quien le revelaba aspectos de su vida al oscuro y el atento, escuchaba. A mitades de esa semana una escena extraña ocurrió.

-¿Elina?- se escuchó después de un par de toques a la puerta

-Adelante Velimount.

Se abrió la puerta y el demonio ingresó, tenía un semblante serio y Elina intuyó que algo pasaba

-¿Qué pasa Velimount?- inquirió

-Elina, como sabrás Tollan ha tardado demasiado en venir y comenzamos a preocuparnos que no vendrá, nosotros te hemos mantenido aquí bien alimentada y vestida precisamente porque eres nuestra moneda de cambio, o por lo menos lo eras, sin embargo ante la negativa de Tollan no vemos otra opción mas que empezarte a cobrar por tu estancia- dijo, mirando a Elina a los ojos en todo momento

-¿Qué? P-pero yo no tengo dinero, no puedo pagar- dijo Elina muy alterada

-Tienes algo que nos interesa, tu cuerpo, mira, no me gusta esto tampoco pero Ishtar ha insistido, para pagar deberás complacernos a nosotros como a nuestra tropa.

Elina se derrumbó, no podía hacerlo, no lo haría, ella no sería infiel

-No, no puedo… no.

-Elina, por favor entiende, si no lo haces Ishtar te ejecutará, lo mejor que puedes hacer ahora es jugar las cartas que tienes.

-Pero, pero no puedo serle infiel a Tollan.

-Él te ha olvidado aquí, él ha sido quien ha causado esto, tú eres la víctima, pero pagarás más caro si no lo haces, mira Elina creo que puedo convencer a Ishtar de que solo des orales, pero tienes que acceder

-Yo… yo…

Elina comenzó a llorar, pero lo entendió, únicamente pudo mover su cabeza afirmativamente y musitar -lo haré.

-Bien, comenzarás conmigo hoy, vendré más al rato- dijo mientras salía, una sonrisa imperceptible se dibujó en su cara.

Ese día más tarde:

La puerta sonó tres veces.

-¿Elina? ¿Puedo pasar? Soy Velimount.

-Adelante Velimount.

Al entrar notó a una Elina diferente, estaba calmada y había cierto rubor en sus mejillas, vestida únicamente con un camisón negro semi transparente estaba sentada en su cama y le miraba con cariño, aunque también con tristeza. Velimount se acercó a ella y con su mano levanto a Elina tomándola de la barbilla e impulsándola levemente hasta que sus caras quedaron frente a frente a pocos centímetros.

-Buena chica- y la impulsó a ponerse de rodillas.

Elina se arrodilló sumisamente y desabrochó su pantalón dejando al descubierto ese gran pene, erecto y venoso, olía a macho caliéntelo tomó con su mano sintiendo cada centímetro de él y se preparó para mamar, sin embargo Velimount la detuvo y le dijo:

-Quítate ese camisón.

Elina obedeció, se levantó y dejo al descubierto sus pechos primero, solo para dejar caer el resto del camisón después, su sexo se veía apetecible y Velimount pensó en lo mucho que tendría que resistir para no poseerla ahí mismo, Elina volvió a ponerse de rodillas ante el miembro masivo del demonio y nuevamente lo tocó preparándose para tragárselo completo, sin embargo el demonio la detuvo jalándola levemente del cabello y dijo:

-Ruega.

-Por favor, déjame chuparte esa verga tan grande y deliciosa, por favor deja que me ahogue con ella, por favor te ruego que me des tu verga, la quiero, la deseo, dámela por favor.

En cuanto Velimount soltó sus cabellos Elina se apresuró a chupar, metía el miembro en su boca y con la lengua pasaba por todos lados para luego sacarla dejando un pequeño hilo de saliva irse con él, esto lo hizo una y otra vez, dejando sumamente húmedo su pene y mojando con saliva sus tetas. Los sonidos lascivos de su boca chupando y mamando se juntaron con los gemidos del demonio que disfrutaba cada vez que Elina se atragantaba y escupía más saliva en su pene.

Tomó a Elina del brazo y la movió de lugar y ambos se acostaron en la cama y Velimount llevó su mano a la vagina de Elina donde la empezó a masturbar. Sus pechos se balanceaban con cada chupada y con su otra mano Velimount apresó uno de ellos y comenzó a jugar con su pezón. Los gemidos de Elina, más la húmeda y sonora mamada que le estaba dando y los meses que no había disfrutado de una humana fueron demasiados para Velimount que se corrió copiosamente en la boca de Elina y le llenó del ya conocido sabor a semen haciendo que ella se corriera momentos después de tragarlo dado el sabor y el movimiento de dedos tan exquisito de Velimount.

Velimount se levantó y comenzó a vestirse mientras veía a Elina agotada por el orgasmo y con unas gotas de semen aun resbalando de la comisura de sus labios.

-Toma- dijo mientras le daba un brazalete plateado, ella lo recibió.

-Si alguno de los orcos que vendrá mañana quiere algo mas que una mamada solo toca el brazalete y pide ayuda, llegaré lo más pronto posible.

Elina asintió y Velimount se dirigió a la puerta.

-Gracias- dijo Elina en voz baja y se recostó en su cama -Gracias- y se quedó dormida pensando en lo que ocurriría el día siguiente.

Mientras tanto Tollan…

(Continuará)

(9,40)