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La contadora madura pero muy caliente

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Me tocó hacer mi servicio social en una tienda del Seguro Social. La contadora encargada era una mujer que a pesar de tener unos 55 años se veía muy bien conservada. Delgada, alta, de pechos pequeños, las zapatillas que usaba le ayudaban a levantar sus nalgas que aunque pequeñas, se notaban firmes. Usaba maquillaje discreto, pero pintaba sus labios con un labial rojo muy intenso, tenía unos ojos hermosos de color miel los cuales cubría con unos lentes que la hacían ver muy interesante. Vestía siempre con vestidos sin mucho escote, largos, abajo de la rodilla y un poco holgados. Muy guapa, se llamaba Nicolasa, todos le decíamos la contadora Nico.

Yo hacía mi trabajo en su oficina, le ayudaba con el almacén. Aunque me atraía su personalidad yo la respetaba, me conformaba sólo con mirarla. Hasta que un día me conquistó con su lencería. Ella recogía algo del piso mientras me daba la espalda, se inclinó sin flexionar las rodillas, el vestido se le subió y pude apreciar la orilla de sus medias sujetadas por un liguero, me excitó mucho esa imagen, cuando ella se levantó volteó a ver mi reacción, yo me hice el disimulado, pero ya se me había metido en la cabeza la idea de tener algo con la contadora.

Se lo conté a mi novia Yesica y aunque no le pareció muy buena la idea de coger a una señora mayor, me dio permiso de intentar algo con ella. En ese tiempo Yesica todavía no se había cogido al maestro Mario, por eso no le agradaba la idea de coger con personas mayores.

Ya con el permiso de mi novia empecé a hacerle más plática a la contadora, cosas de nuestra vida personal y familiar, de la escuela y del trabajo. Y en poco tiempo hicimos confianza, comenzamos a hablar de cosas personales. Todos los días le decía lo guapa que se veía, ella se sonrojaba y me agradecía los cumplidos. Comencé a provocar roces entre nuestros cuerpos, a ella no parecía molestarle, aunque no le acercaba mi verga, pensando en no molestarla. Hasta que un día por alguna razón que no recuerdo, llegué tarde a mi servicio y al entrar a su oficina me llevé una gran sorpresa. Recargada sobre su escritorio estaba la contadora Nico y tras ella, un hombre gordo la estaba penetrando. El hombre se separó de ella y me gritó que si no sabía tocar la puerta antes de entrar, yo cerré la puerta casi al instante y me fui al almacén, hasta como una hora después que regresé a la oficina de la contadora, toqué y la contadora contestó que pasara.

No sabía qué decir, así que tomé mis libros de almacén y me puse a hacer como que anotaba algo. Trabajamos el resto del día. Por la noche cuando cerraron la tienda y los empleados se fueron yendo, ella se acercó a mí y me dijo que la persona con la que la había visto era su supervisor, que así es como se hacían las cosas en las tiendas para que los encargados mantuvieran sus puestos y que la disculpara por la reacción del tipo gordo. Yo le contesté que no había ningún problema, que sería discreto y que haríamos como que nada había pasado. Pero a partir de ese día nos hicimos más allegados, bromeábamos y nos teníamos mas confianza. Poco a poco se dio que empezamos a cachondear a la hora de cerrar, nos besábamos y su aliento era en verdad muy cálido, exhalaba calentura.

Hasta que llegó el día en que cogimos. Ella fue invitada a un evento en Cuernavaca por parte del trabajo y me preguntó si podía acompañarla, acepté y nos fuimos en su coche. El evento estuvo aburrido, así que ella propuso regresar después de que dieran la comida. Y así lo hicimos, nos salimos discretamente, aunque a nadie le interesaba la presencia de unos y otros en ese evento. De regreso en su auto, me preguntó si hacíamos el amor en un motel, no dudé en contestar que sí y ella se dirigió a un motel que nos quedaba de camino.

Ambos estábamos muy calientes, apenas y entramos al cuarto y ya nos estábamos besando. Nos quitábamos la ropa uno al otro, aunque yo sólo tuve que bajar el cierre de su vestido para tenerla como me gusta. Usaba un corset con ligas que sujetaban sus medias y unas zapatillas que la hacían ver más alta y levantaban sus nalgas. Hasta ese día ella vio por primera vez mi verga, pues en la oficina nunca pasamos de besos y cachondeos sobre la ropa. Ya desnudo, ella me recostó sobre la cama boca arriba, se montó sobre mí y nos comíamos a besos. Su aliento era muy caliente. Frotaba su vagina sobre mi tronco, sin quitarse la pantaleta y así estuvo hasta que tuve que preguntarle si no me iba a mamar la verga. Me contestó que no le gustaba, que ni a su marido se la chupaba. Le pregunté si me dejaría a mí hacerle sexo oral, se sobresaltó un poco y sonrojada contestó que tampoco le llamaba la atención hacerlo así, le insistí que me permitiera hacerlo y terminó por aceptar por tan insistente que estaba, mientras nos besábamos y ella seguía montada en mi verga.

La recosté boca arriba, retiré su pantaleta y al abrirla de piernas me encontré con una muy abundante mata de pelos negros y una que otra cana. Sus labios estaban ocultos por tanto vello púbico y sobre dicho pelo se notaba su humedad, ella se veía nerviosa y hasta un poco incómoda, así que me incliné y metí mis labios y lengua entre sus piernas, apenas y me sintió se estremeció y de sus labios escapó un gemido. Tomé sus piernas con mis manos y así la atraje más hacia mi boca, era una delicia beber de esa panocha de algún modo virgen en el sexo oral, yo usaba mi lengua y labios para estimularla, ella se reía nerviosa pero al mismo tiempo lo disfrutaba, pues movía sus caderas buscando abrirse más para mí e indicándome dónde hacerla sentir más placer, no tardó mucho en tener un orgasmo mientras se aferraba con sus manos a mi cabeza, gemía intensamente y su cuerpo temblaba. Yo estaba más que estimulado acariciando sus piernas y el encaje de su lencería. El sabor de su orgasmo era dulce y yo seguía con deseo de probarla más tiempo y con la idea de que ella también me la chupara, la paré sobre la cama, me acosté boca arriba y me coloqué entre sus piernas, bajo su panocha, la atraje hacia mi boca y metí mi lengua en ella, se movía rico sobre mi boca mientras mi verga estaba a su disposición para cuando quisiera probarla, lo cual terminó por hacer entre tanta calentura y así, en poco tiempo ya hacíamos un rico 69. No era muy buena mamadora, pero el calor de su boca y su aliento me hacían sentir muy excitado, con la verga a punto de explotar, conteniendo mi venida pues no sabía si a ella le iba a gustar tener mi semen en la boca, opté por aguantar mi orgasmo, poniendo atención en su disfrute, pues ella seguía extasiada con las mamadas de panocha que yo le daba, gemía y gemía, moviendo sus nalgas frente a mi cara y yo disfrutando ver su pequeño ano adornado con unos cuantos pelos alrededor. Se volvió a venir intensamente, presionando su panocha sobre mi boca, bebí hasta la ultima gota de su orgasmo.

La tuve sobre mí un rato mientras se recuperaba, luego la recosté boca arriba, nos besábamos. Me dolía la verga, la sentía hinchada así que me incorporé para ponerme un condón, ella abrió sus piernas y me extendió sus brazos. Coloqué mis manos a sus costados y fue ella quien tomó mi tronco y colocó la punta de mi verga entre sus labios vaginales, yo presioné y me costó trabajo entrar pues se sentía muy estrecha, ella se quejaba un poco de dolor pero con sus manos en mi espalda me atraía para entrar más mientras yo trataba de suavizar sus gemidos besándola, en verdad estaba muy apretada. Por fin pude estar todo dentro de ella. Comenzamos a movernos al mismo tiempo, yo trataba de estimularla penetrándola despacio mientras con mis manos acariciaba su cuerpo y su lencería que me tenían a mil. Ella también había pasado de sus gemidos de dolor a los de placer, movía sus caderas y levantaba sus piernas buscando más placer. Y así entre besos, caricias y metidas de verga ella alcanzó su orgasmo de nuevo y yo de verla tan caliente también me apresuré a llenar el condón dentro de su caliente panocha, gemimos fuerte con nuestros orgasmos.

Descansamos un rato estando mi verga dentro de ella, mientras recuperábamos el aliento, ambos lo disfrutamos mucho. Su mirada y ojos color miel tenían un efecto especial, encontrar nuestras miradas nos hizo sentir deseo de nuevo, nos volvimos a besar y a ponernos calientes. Yo seguía dentro de ella con el condón casi escurriendo y la verga se volvía a poner dura, me levanté para cambiarme el condón. Ella se colocó de perrito sobre la cama, se veía hermosa con su lencería, así que una vez puesto el nuevo condón me coloqué en su espalda y la fui penetrando despacio, ambos disfrutamos cada centímetro recorrido. Nos movíamos en direcciones opuestas, ella echaba el culo para atras y yo hacia adelante, el sonido era muy excitante combinado a nuestros gemidos. Acariciaba sus nalgas y espalda sobre el corset y de igual forma tomaba las ligas que sostenían sus medias como si fueran unas correas para atraerla hacia mí. La estuve montando como perrita mucho tiempo, ella se vino algunas veces y yo no me cansaba de acariciarla y disfrutar la estrechez de su panocha. Y luego de muchas metidas me volví a vaciar en el condón dentro de ella. Para luego dejarnos caer sobre la cama, recuperándonos.

Platicamos. Quería saber qué me atraía de ella y por qué estar con una mujer que hasta podría ser mi abuela. Le contesté con la verdad, dije que no aparentaba tener la edad que decía, que era muy guapa y se arreglaba muy bien. Que tenía un muy buen cuerpo y que me encantaba cómo lucía la lencería que usaba, que sus medias y ligueros me excitaban mucho. Y que en verdad era un placer enorme disfrutarla y hacerla disfrutar. Ella me decía que estaba un poco loco, pero me agradecía lo que habíamos hecho. Aclaramos que sólo era calentura lo que sentíamos, pues yo amaba a mi novia y ella tenía a su familia, además que eso era sólo temporal, pues ya casi estaba por terminar mi servicio social.

Esa tarde cogimos en la cama, frente a los espejos del motel, en el baño y sobre unos escalones que estaban alfombrados. No sabía si se iba a repetir esa experiencia, así que disfruté lo mas que podía. Chupé sus ricos pezones que adornaban unos pechos pequeños. Lamía su panocha antes de penetrarla en cada posición que lo hicimos, aproveché cada momento para estar dentro de ella y sé que lo disfrutó tanto como yo.

Se estaba haciendo de noche, nos bañamos juntos y nos vestimos para regresar a nuestras casas. Antes de salir le pregunté si podría venirme en su boca y contestó que sí, pero sin que la obligara a tomarse mi esperma. Me senté en la orilla de la cama y sacó mi verga del pantalón, ella se arrodilló entre mis piernas y comenzó una mamada sólo con la boca. Le pedí que usara sus manos en mi tronco y así me estimuló más. Se esmeró en el oral que me hacía. La calentura de su boca y su aliento aumentaron mi excitación al grado que en poco rato me estaba vaciando sobre los labios de la contadora y veía cómo escurría mi leche por su cuello pues en ningún momento abrió la boca para saborear mi esperma. Yo me sentí satisfecho, ambos nos limpiamos y salimos en su auto hacia nuestra ciudad.

Pasó a dejarme donde rentaba y al llegar ya estaba ahí mi novia. Le conté del evento y también lo que había hecho con la contadora. Yesica no me creía que una mujer madurita podía disfrutar como lo hicimos ese día con la contadora. Hasta que le tocó disfrutar con hombres mayores y también con alguna que otra mujer madura que encontramos en nuestras vidas más adelante. Sobra decir que esa noche disfruté haciéndole el amor a mi novia y recordando a esa mujer tan caliente que hacía unas horas había tenido abierta de piernas, penetrándola toda la tarde. Yesica me exprimió lo último de leche ese día y ella también tuvo sus orgasmos. Yo feliz de terminar cada día a lado del amor de mi vida, amándonos siempre. Así nos quedamos dormidos.

En el servicio con la contadora Nico todo siguió normal, haciendo nuestro trabajo. Cachondeábamos de vez en cuando a la hora de cerrar y el sexo lo repetimos una o dos veces más en que hubo modo de escaparse al motel cerca de Cuernavaca, pues ella quería ser muy discreta. Terminé mi servicio social, ella me entregó mi liberación y esa fue la última vez que nos vimos, ella siguió con su trabajo y yo con el amor de mi vida.

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