Generalmente cuando una conversa entre amigas menciona algunas de sus reglas de vida (sobre todo cuando aún eres joven e inocente): nunca sería infiel, nunca meterme con una persona casada, tener relaciones con personas máximo 8 años mayor, y nunca con menores, jamás hacerlo en público y jamás de los jamases robar o apropiarme de cosas ajenas. Bueno, aprendí que uno puede salirse de la línea y no respetar algunas de sus propias reglas, y que eso no es ninguna tragedia ni te convierte en mala persona (solo algo traviesa tal vez jiji).
Tenía 25 años recién cumplidos y había conseguido entrar a una empresa trasnacional española de servicios como analista contable.
Trabajaba en una oficina con dos chicas más, la oficina quedaba al extremo de una L.
Para ir a las oficinas de ventas, las de operaciones y las de RRHH tenía que recorrer todo ese largo pasillo hasta las escaleras o el ascensor para ir a otros pisos, y lo recorría unas 12 a 16 veces al día. Justo en la esquina de la L quedaba la oficina de un alto gerente de la empresa, era una persona que siempre estaba seria, más o menos de mi tamaño (pero con tacos yo era más alta), cabello liso negro, ojos negros con anteojos, de piel clara tirando a mestiza, delgado con una pequeña panza que quería disimular con la camisa, no era un adonis pero tampoco era feo, digamos una persona bastante promedio que no llama la atención.
Por la posición de su oficina, siempre me veía pasar de ida y vuelta todo el día, todos los días; y mi única interacción con él era un saludo en la mañana al llegar a la oficina y una despedida a la salida, nada más.
Llegó un día que el corporativo le pidió un trabajo urgente y necesitaba la ayuda de contabilidad, y me asignaron a mí para apoyarlo. Descubrí que a pesar de la cara de serio era de trato bastante amable, y desde el principio me dijo que no lo trate de usted, sino que lo trate como Tomás. Trabajamos 15 arduos días, a veces hasta altas horas, pero al final salió un buen trabajo, recibiendo felicitaciones del corporativo.
Para agradecerme todo el esfuerzo y ayuda, me invitó a almorzar a un buen restaurante, donde conversamos ya distendidamente y nos conocimos un poco más. Me contó que tenía 57 años (no parecía, a lo más le echaba 40), estaba casado hacía 24 años y tenía 2 hijos ya mayores de edad; y me sorprendió además que, fuera de la oficina, era bastante alegre y expresivo. Yo le conté que vivía con mis padres, que tenía novio pero aún sin planes de matrimonio pues quería seguir disfrutando de la vida sin ataduras. Después de ese almuerzo la interacción en la oficina fue un poco más amical, a veces me paraba a conversar unos minutos con él pero nada más.
Así transcurrían los días, y en el mes de diciembre mi gerencia organizó un concurso de fin de año entre las áreas que le reportaban; teníamos que entregar una propuesta de mejora bien sustentada y la propuesta con mayor ahorro y mejor presentada ganaba una cena para dos en un restaurante super fino. Como soy muy competitiva, le dije a Tomás si me podía ayudar, a lo que él accedió gustosamente. Entonces me sugería ideas y análisis para la propuesta, hasta me hizo ensayar la presentación para asegurar el premio; y el 20 de diciembre se hizo la premiación y salí ganadora (¡aplausos!).
Al día siguiente le di la buena noticia a Tomás y le dije que en agradecimiento a su ayuda, yo lo invitaba a compartir la cena. Me dijo que no era necesario y trató de excusarse, pero insistí de forma firme pero coqueta a la vez y terminó aceptando sin mucha resistencia. Eso sí, él solo podía el día 30 ya que era el único día libre que tenía, y así quedamos.
En esas épocas ya era verano en mi país y hacía calor, por lo que el día 30 me puse una mini negra bien pegadita a medio muslo que resaltaban mis caderas, un top blanco ajustado al cuerpo con tirita alrededor del cuello que dejaba mis hombros al descubierto, y unos sujetadores de silicona para los senos para que no se vean tiras en los hombros y dar la apariencia de estar sin sostén, para completar el atuendo unas sandalias con taco bajo; estaba bastante sexy creo yo.
Llegué a la oficina y mientras caminaba por el pasillo Tomás se me quedó mirando fijamente recorriendo mi cuerpo de arriba hacia abajo y viceversa, parecía no creer lo que veía. Al llegar a su puerta le dije coquetamente “hoy tenemos la cena en la noche” guiñándole un ojo, a lo que él respondió con un “sí claro” tembloroso y me retiré regalándole una sonrisa traviesa; no sé porqué me pareció muy divertido verlo nervioso por primera vez.
A final de la jornada laboral ya varios nos despedíamos deseándonos un feliz año pues muchos habíamos solicitado el día 31 a cuenta de vacaciones y no ir a trabajar. Cuando ya se habían ido casi todos (por discreción, para evitar chismes) fui donde Tomás y le dije “¿nos vamos?” a lo que cerró rápidamente la PC, cogió las llaves y fuimos directo al estacionamiento.
Nos subimos a su camioneta BMW nuevecita (tenía solo 2 meses) en dirección al restaurante; en el camino me di cuenta que trataba de mirar discretamente mis piernas cada vez que podía (al sentarme se me subió más la mini, dejando ver 3/4 y más de mis fuertes y bronceados muslos), por lo que me las comencé a acariciar suave y lentamente para atraer aún más su mirada. Era evidente que lo ponía muy nervioso, él quería seguir mirándolas pero a la vez tenía que fijarse en la ruta para no estrellarnos; me daba cierto placer perverso ponerlo así jeje.
La cena transcurrió tranquilamente y la comida estuvo deliciosa, Tomás pidió una botella de vino muy bueno que él mismo pagó. Estuvo alegre y bromista, bastante agradable, pero me parecía que estaba algo inquieto, tal vez porque alguien de su entorno lo podría ver con una chica mucho más joven lo que lo pondría en problemas; pero por suerte nada de eso ocurrió. Terminamos de cenar y nos fuimos a su BMW, me dijo para llevarme a mi casa a lo que accedí.
En el camino me preguntó si iba ir a trabajar al día siguiente y le dije que no que había pedido el día, entonces me dijo si quería tomar unos tragos ya que al día siguiente ya era fin de año, así que pensé bueno, ¿por qué no? por lo que le dije coquetamente “ok vamos, ¿a dónde me vas a llevar?” y respondió “que sea una sorpresa” guiñándome un ojo.
Un rato después llegamos a un pub, se veía simpático, con luces bajas y sillones cómodos, estaba casi vacío (para ser vísperas de año nuevo) nos acomodamos en el sillón más oscuro y alejado del local uno al lado del otro pero algo separados, nos trajeron nuestras bebidas (que estaban bastante fuertes) y brindamos por el nuevo año. Las bebidas se sucedieron tan rápido que no me di cuenta, empezaron las risas junto con algunos roces y toques con las manos.
Seguíamos bebiendo, Tomás se levantó un rato al baño y cuando regresó se sentó justo a mi costado hombro a hombro, tomó las copas diciendo “hagamos otro brindis, cruzando los brazos” así lo hicimos quedando nuestros rostros frente a frente, nos miramos unos instantes y se atrevió a darme un beso.
Le dije “oye, pero eres casado” haciéndome la digna, y me respondió con una sonrisa pícara “¿acaso eres celosa?” me reí y le dije “¡claro que no!” entonces puso su mano sobre mis hombros, me atrajo hacia él y continuó besándome ¡valgan verdades lo hacía muy bien! poco a poco me dejé llevar y empecé a participar más en el juego, yo también lo abrazaba y revolvía sus cabellos con mi mano.
Luego sentí que una de sus manos comenzó a bajar por mis curvas hasta llegar a mis piernas, las comenzó a acariciar lento y suave iniciando cerca de las rodillas como probando si yo lo rechazaba, como sintió que yo lo aceptaba siguió recorriendo mis largos muslos con mano firme pero suave, sabía lo que hacía y eso me gustó por lo que cada vez me calentaba más y me entregaba a su juego.
De pronto dejó de besarme, me miró a los ojos y me dijo “¡vamos!” , no dijo a dónde pero lo intuí perfectamente: a coger. Yo solo asentí con la cabeza y lo seguí sin decir palabra ¡sentí que estaba totalmente entregada!, subimos a su carro y llegamos rápidamente a un hotel 5 estrellas, pagó con tarjeta de crédito y subimos a la suite presidencial… ¡Wow, qué elegancia!
Me volví hacia él y le dije “¿así impresionas a tus chicas?” Y él se acercó repitiendo esa sonrisa pícara respondiendo “¡claro, pero solo a las que son muy especiales!” Me reí nuevamente con su respuesta y esta vez fui yo la que me acerqué para besarlo pero ahora nuestras lenguas se entrelazaron mientras sus manos me acariciaban y apretaban mis duras y firmes nalgas.
En pleno calor de los besos me dijo “¿una ducha?” lo miré entre sorprendida y divertida, y le respondí riéndome otra vez “¡jajaja! ¿En serio, ahora? ¡eres un loco, vamos pues!”. Me quité la ropa más rápido y entré primera a la ducha y abrí el grifo, segundos después entró Tomás, y lo que vi fue un poco decepcionante: delgado, con una ligera panza y no muy bien dotado, pensé para mis adentros “espero que sea team sangre”. Él en cambio se quedó unos segundos admirando mi cuerpo mojado y se le escapó un WOW que me hizo sonreír, me di la vuelta lentamente para que también vea mi trasero paradito y redondo… ¡se le salían los ojos!
Y su miembro se comenzó a levantar, enjaboné mis manos y lo comencé a masajear suavemente así como los huevos, Tomás cerraba los ojos de placer así que me arrodillé y me puse a lamerle el glande haciendo círculos con mi lengua y a besarle la puntita mientras el agua tibia nos seguía cayendo, poco a poco me fui introduciendo su miembro apretándolo con mis labios para que lo sienta más rico. Su verga se puso bien dura y levantada (sí era team sangre) pero igual estaba por debajo del promedio, y aun así continué chupándosela mientras él me masajeaba los cabellos mojados con suavidad, muy rico.
Luego me levantó y comenzó a jabonarme el cuerpo despacio pero con firmeza, pegó su verga a mi trasero y fijó sus manos en masajear mis senos mientras me besuqueaba el cuello, luego las bajó hasta mi vulva abriéndola y cerrándola pasando sus dedos por mis labios, y yo le correspondía masajeando su pene con ambas manos. Me di la vuelta para sacarlo de la ducha e ir a la cama, Tomás tomó las toallas para ir secándonos y no mojar la alfombra.
Llegamos al borde de la cama y con un rápido movimiento me posó encima de ella, acto seguido se arrodilló y bajó directamente a mi raja y comencé a sentir su lengua húmeda y caliente lamer delicadamente mis labios vaginales mientras con sus dedos me abría la conchita para tener más espacio donde lamer. Hacía unos movimientos circulares con su lengua que se sentían deliciosos y me hacían arquear la espalda de placer, de vez en cuando Tomás llegaba a mi clítoris jugando con su lengua y cuando sentía que me iba excitando más él se retiraba, en un juego medio perverso de excitación y enfriamiento.
Después tomó mis piernas abriéndolas en V para ponérselas encima de sus hombros y así estar más cómodo para llegar más al fondo de mi vagina. Siguió jugando con mis labios y mi clítoris hasta que ya no pude más, grité de placer mientras empujaba mi raja palpitante hacia su lengua y derramaba mis jugos en su boca.
Se incorporó dejándome la conchita vibrando, y con un rápido movimiento me puse encima de él acomodándome su verga dentro de mí para comenzar a cabalgarlo con mi vagina aún bastante húmeda, puse mis manos sobre su torso para estar más cómoda mientras él me manoseaba los pezones, comencé despacio tratando de apretar mis piernas alrededor suyo para sentirlo cómo entraba mientras yo subía y bajaba sin apuro para tenerlo más tiempo adentro y así seguir disfrutando.
Empezó a moverse a mi ritmo apretándome fuerte las nalgas, yo bajaba y él empujaba arriba, yo subía y él retiraba haciendo que el recorrido se sintiera por completo; estuvimos haciéndolo así por un buen rato, yo ya empezaba a tener ese calor interno que me avisaba que ya iba llegar otra vez cuando sentí un chorro cálido inundándome dentro de mí, esa excitación extra para que yo también explotara de placer.
Me bajé de su pelvis, sudorosa y satisfecha, y me acosté a su lado sobre su hombro jugando con los vellos de su pecho y haciendo cosquillas con mis uñas por todo su cuerpo como si fuera una gata mientras conversábamos un rato, vi que le gustaba sobre todo que lo hiciera en sus testículos para luego subir por su polla, llegar al glande para luego bajar a sus testículos nuevamente, eso hacía que su polla no se “durmiera” mientras él me pellizcaba suavemente mis pezones manteniéndolos erectos.
De un momento a otro comenzamos a besarnos otra vez, su lengua y sus labios se despegaron de mi boca recorriendo mi cuello bajando por mis hombros y llegando a mis pechos mientras los apretaba con sus manos, lamía y succionaba mis pezones erectos con fuerza pero sin lastimarme, y yo seguía como una gata recorriendo su espalda con mis uñas sin llegar a arañarlo (aunque ganas no me faltaban jiji).
De pronto se subió encima mío y acomodó su miembro en mi vagina para volver a penetrarme en posición de misionero y yo abrí un poco más mis piernas para que comenzara, me metió su verga y empezó a bombear variando el ritmo (a veces más lento, a veces más rápido) buscando el que más me guste, hasta que llegó a uno que me hizo palpitar y le dije “mmm… así cariño, sigue así”; entendió perfectamente y continuó penetrándome a ese ritmo un buen rato y yo lo disfrutaba al máximo, de vez en cuando me besaba las tetas mientras usaba sus manos para masajearlas.
De pronto se detuvo retirando su miembro, yo iba a decir que siga pero me levantó las piernas, se las puso encima de sus hombros y volvió a penetrarme otra vez al mismo ritmo pero ahora su pelvis chocaba con mis muslos sonando el característico “clap… clap… clap”; uufff eso me encendió tanto que acompañé el sonido con mis gemidos de placer que iban en aumento hasta convertirse en un grito continuo hasta que sentí mi vulva volver a palpitar y expulsar mis jugos.
Le grité jadeando “¡ya!… ¡ya!” como suplicando para que pare porque no podía más de placer, pero él siguió bombeando y yo arqueaba la espalda a la vez que mordía la sábana y la almohada como tratando de desahogarme, hasta que por fin otro caliente chorro me llenó la vagina.
Él retiró su miembro, bajó mis piernas y sudoroso se tumbó a mi lado. “Eres malo” le dije haciendo una mueca, a lo que él contestó con una carcajada diciendo “pero bien que lo disfrutaste… y aún hay más” con una sonrisa traviesa, me abrazó y nos acomodamos de “cucharita” para descansar un rato. Entretanto, él recorría mis curvas con su manos y por ratos me besaba la espalda y mordisqueaba mis hombros, cada vez que lo hacía sentía como una electricidad que me recorría el cuerpo, me ponía la piel de gallina y hacía tensar mis músculos sobre todo mis duras nalgas que se movían apretándose contra su pelvis.
Esto también le gustaba a él, pues su polla se ponía cada vez más dura y erecta tratando de acomodarse en la entrepierna, lo ayudé abriendo un poco mis piernas la colocó ahí y luego las cerré quedando atrapada. Siguieron los besos y mordiscos pero los acompañaba con un ligero movimiento de caderas como simulando una cogida ya que ahora sí su polla estaba totalmente rígida, se sentía tan rico que abrí mis piernas nuevamente pero ahora cogí su miembro y la introduje en mi raja diciéndole “sigue haciendo lo mismo” y así lo hizo.
Me estuvo bombeando suavemente por un buen rato, besando y mordiendo mi espalda, pero ahora también acariciando mis caderas, masajeando y pellizcando mis pezones. Entonces, de la nada me dijo: “quiero hacerlo de perrito”, yo sin decir palabra inmediatamente me coloqué sobre mis rodillas y arqueé mi espalda para que se vea más redondo mi trasero, dejando entreabiertas mis piernas mostrando mis labios vaginales totalmente expuestos. Tomás solo atinó a decir “uy, qué rico” e introdujo de un tirón su verga hasta el fondo.
Esta vez varió de ritmo, lo hacía más rápido y con más fuerza, casi con desesperación, cogía mis caderas para ayudarse a meterla más duro y más adentro; palmeaba de vez en cuando mis nalgas sacándome un pequeño grito que más parecía un suspiro, al parecer esto lo excitaba más ya que después de cada gritito me penetraba más rápido y duro. A pesar de este brusco cambio, igual yo lo disfrutaba a mil gruñendo y mordiendo las almohadas, y movía mis caderas ligeramente para apoyar su bombeo y sentirlo más rico y excitante hasta que sentí su miembro palpitar y esta vez explotó dentro de mí.
Quiso sacarla pero yo aún no había llegado así que le supliqué “No la saques. Sigue. Sigue” obligándolo a continuar, “más fuerte” le grité con lo que agarró con fiereza mis nalgas y me penetró más violento una y otra vez hasta que sentí la explosión de placer dentro de mí y acabé gritando “Ahhh… Ahhh… Ahhh”, luego me fui relajando echándome boca abajo sobre la cama con Tomás encima mío y su verga aún adentro.
Luego se levantó y se tumbó a mi costado, yo aún seguía boca abajo, diciéndome con una sonrisa de satisfacción: “es la mejor despedida de año viejo que he tenido en mi vida” y yo le respondí guiñándole un ojo “y te aseguro que jamás tendrás otra igual”, nos reímos, nos dimos un beso y nos echamos a dormir un par de horas, luego salimos del hotel ya que Tomás tenía que regresar a su casa antes de que amanezca, pero primero me fue a dejar a la mía; como despedida nos dimos un largo beso deseándonos un feliz año nuevo.
Y tengo que confesar, ¡para mí también fue la mejor despedida de año que he tenido!
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