¡Hijo, me tienes harta!
María entró aquella mañana por tercera vez en la habitación de su hijo. Abrió la puerta con ganas y vio que el joven seguía tumbado en la cama, hecho un verdadero bollo con las sábanas.
—¡Levántate ya, joder! —le vociferó como todos los días.
Era...