Dilema de una buena madre (4)
Empezó a pajearlo despacio con su mano jabonosa, mirando fijo esa polla dura, gruesa, larga y rojiza que solo un joven viril puede tener, y que ahora oscilaba pesada y palpitante a centímetros de su boca. Alzó la vista hacia Diego, embobado con esa hembra hambrienta prácticamente desnuda frente a él, le susurró algo que no pude dist...