Placeres prohibidos. La melancolía del incesto (1)
Diego se acercó, sus ojos devoraban los senos de América. Sus manos los tomaron, amasándolos con una mezcla de reverencia y hambre, sus dedos apretaban la carne suave mientras sus pulgares rozaban los pezones endurecidos. Se inclinó y la besó con una pasión feroz, sus lenguas se entrelazaban en un choque húmedo que resonó en el si...