Placeres prohibidos. La dueña de Diego (2)
Desnuda, con sus grandes senos balanceándose, se dirigió al baño, pero antes abrió la puerta de la habitación de Atziry, incapaz de resistir la curiosidad. Allí, bajo la tenue luz del amanecer, encontró a su hija en cuatro patas sobre la cama, gimiendo con la cabeza hundida en una almohada, las lágrimas de placer brillaban en sus ...