Así nunca me folló su hijo
Federico, un viudo sesentón, iba paseando a su perro por el monte cuando vio a Angelita, arrodillada y bebiendo en un regato que bajaba del monte. Tenía el trasero en pompa, y le dijo.
—Ese sí que es un culito diez, Angelita.
La voz de Federico la sorprendió. Se puso de pie.
—¡Q...