Mi sobrina llega a casa
Nos seguimos besando, la abracé por cintura y en el aire la llevé a su dormitorio. Nos tiramos en la cama, levanté su pollera y le quité la diminuta bikini. Como sediento en el desierto, fui en busca del oasis, su conchita, lamía, chupaba, mi boca se inundaba con un líquido cristalino que desprendía su conchita cada vez más. Nuest...