La lección de papá
Mi hija me abrió su boca ansiosa y me rechupeteó los labios y mi propia lengua. Estaba claro que necesitaba más y yo no podía aguantar ni un minuto. Volví adonde estaba todavía ella con las piernas abiertas y pude ver como todavía le latía el coño. Antes de que fuera demasiado tarde, me tiré literalmente con la boca abierta...