Madre dermatóloga
No fue un roce médico. Fue una caricia. Palma abierta, dedos que bajaron por el tronco, apretaron suave el escroto como buscando algo inexistente, volvieron a subir. Bajó el prepucio con dos yemas expertas, lo dejó bajar del todo, lo volvió a subir despacio cubriendo la cabeza hinchada. Una, dos, tres veces. Lubricado por el mismo ace...